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Jueves, 15 de octubre de 2026

JAZMINES Y GUITARRAS DE UN POETA

Antonio Bolívar
JAZMINES Y GUITARRAS DE UN POETA
Poeta Antonio Bolívar en su casa

JAZMINES Y GUITARRAS DE UN POETA

JAZMINES Y GUITARRAS DE UN POETA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Otras publicaciones de este autor: http://bit.ly/2teqPbL

Me inclinaré feliz
sobre tu hierba,
buscando con mi boca
el capullo y la flor
extraviados en medio
de tu menta,
también doblaré mis rodillas
para beber tus aguas.

Poema: Tus territorios de manzanas. Antonio Bolívar.

Conocí a Antonio Bolívar frágil como la flor de los jazmines y las cuerdas de una guitarra. Como un verso cualquiera de su poesía. Parece que va quebrarse, a desplomarse por su apariencia sutil. No. Jamás el poeta Antonio Bolívar ha caído de su pedestal. Su obra lo mantiene erguido y su voluntad de ángel con alas lo mantienen volando, levitando, en armonía con los versos que dibuja sobre la página.

En su libro de azul turquí se retrata cuando delinea la silueta de un Ave Mujer: Él es «porción de selva, de miel, de pájaros azules, trozo de paisaje» para que ella «vuele como golondrina, a sus ojos, a su vida». La delicadeza de este poeta de edad discreta se ha conservado a pesar del paso de los gorriones y la sed ardiente del lecho de su ría escrita.

El poeta ha llamado «Territorio de Jazmines y Guitarras» a su creación más reciente. Es la forma más obvia de denominar la pulcra porción de meandros, riachuelos y manantiales que surgen en cada página en forma de poemas. Es una metáfora. Él no tiene parcelas, solo ha comprado una porción de cielo para estar. Ahí pervive y habla a solas con su Ave Mujer entre jazmines blancos y melodías de guitarra.

Es así que pasea a diario por el laberinto del corazón de la mujer amada. «Con gritos de júbilo, con marchas militares, se da a la tarea de seguir el camino del amor. Al final del día la «encuentra dormida -en placidez- en la corola de una rosa».

La poesía de este Bolívar sin caballo blanco, es obvia, sin atajos. El olor del presentimiento va llevando a la amada y a los visitantes hasta el Olimpo o hasta donde él pretende sorprender. «No hay mensajes, ni señal en el viento, ni residuos de perfume, pero sé que está ahí, contagiándolo todo de alegría»… Al final, «aplaude las luciérnagas que llegan a habitar tu noche».

Se puede uno imaginar a Antonio Bolívar como un duende de cabellos blancos tras el «sonido del Ave mujer interrumpido apenas por el paso de puntillas de la lluvia». Allí encontrará que «el beso esperado se queda en su boca con impresión de frutas y hallará que los ojos de ella y su respiración lo buscaban como dueño de sus sueños».

El autor de este Territorio demarcado con hitos de amor, perfumes de jazmín mañanero y rasgueo de guitarra parece haber copiado el sendero que cruzaban los juglares cantándoles a sus madonas que los esperaban detrás de la ventana. Con solo leer los títulos de sus canciones la Dama sabrá de sus intenciones: «Ojos de aceite, Voces de la madrugada, Bésame, Conjugo tu verbo, Atado a la rueda, Fogata, Tu mano en mis noches, El sonido de tus sedas y el lector se deleitará entrando en su edén de jazmines con guitarra.

5:53 p.m.

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