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martes 19 abril, 2016 a las 11:25 am

EN EL JARDIN DE LAS DELICIAS

EN EL JARDIN DE LAS DELICIAS
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

La historia que nos cuenta el autor del génesis sobre el jardín de las delicias y sus dos habitantes que, nemorosos corrían sin ropas por entre helechos, lianas y por el torrente de aguas que por allí discurría, no deja de ser un bella propuesta para la imaginación más seria.

Fácilmente cualquiera se deja convencer de que eso en realidad pasó. Yo, me lo creí en el primer momento. Es tan vívida y sencilla la narración de aquel anónimo cronista que parece que los estuviera espiando. Guionistas de cine lo han copiado para sus escenas ya en lagos, cerca al mar o en islas escondidas.

Nada más idílico que seguir el hilo de la fábula e ir ayudando al escritor a darle forma a otras actividades que él no cuenta o le han contado los puristas e iconoclastas. Como en una guerra santa. En este y otros casos el texto sirve de ocasión para saciar la gana de completar los detalles que faltan.

¿Cuántos años les durarían las vacaciones a Eva y Adán en aquel veraneadero? Tal vez su patrón lo puso a su disposición en pago a sus padres por haberle cuidado tal heredad. Era un pedazo de tierra bastante amplio y llegaría hasta donde los ojos pierden su dominio. Tal vez lo gozaron desde los 15 años de ella y los 17 de él. Se conocían desde niños y jugaban como las gacelas y los tigrillos.

Seguramente no tuvieron que sembrar árbol alguno ni pasaron hambre un solo día. Ya habían aprendido a cocer pescados de río o ahumar ancas de ranas y tomaban sin esfuerzo frutas de cerezos y bajarían con varas de caña las habas del árbol del pan y las cabras de los riscos vecinos les brindarían su leche.

La estadía en ese paradisíaco lugar debió durar hasta que ellos tenían unos 35 años. Es la edad en que los árboles frutales, los leones, bisontes y cocodrilos llegan a su madurez y piden a la Naturaleza les ayude a reproducirse.

Alguna vez habían pasado frente a uno de esos árboles de abundantes cabellos y abundante cuerpo al que llamaban de la Ciencia, del Bien y del Mal porque era el más hermoso de todo el jardín. Bajaba por su tronco una serpiente magra, de ojos verdes y lengua roja con su cascabel de guasá caucano. No era la primera vez que la veían. Con ella jugueteaban y ella se les enroscaba alrededor del cuello, sin peligro.  

¿Queréis comer una de esas manzanas rojas? dijo, mirando a Adán. Prúebenla y verán que es más dulce que las verdes y rosadas. A Eva no le pareció la manera cómo se movió la sierpe y sospechó algo que le había advertido el dueño cuando les entregó las llaves de la finca. No vayan a comer de esa clase de manzana. Adán entendió muy bien, pero se empeñó en probar la morbidez prohibida de aquella fruta.

Era la seña de la edad madura cuando se toman las grandes decisiones y se siente la pareja dueña de sus actos. Adán tomó a Eva del brazo y sin mirar atrás empezó el camino del trabajo y la realización de una vida llena de avatares. Allá, al fondo, había multitud de sombras que esperaban salir del cascarón a la realidad.

18-04-16                                               11:55 a.m.

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