Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Lunes:
Popayán 9 y 0
Cali 9 y 0
Lunes, 5 de octubre de 2026

Ironía

Ironía

Ironía

SILVIO AVENDAÑO

Al hombre lo llamaron del pueblo. Pidió permiso en el trabajo, dada la cita inesperada pronto, subió al tren en dirección a la costa. El convoy avanzó por la sabana, luego por el nudo de la cordillera central, hasta que desembocó en el valle del río Magdalena. El aire cambió del frío a tibio hasta alcanzar el clima caliente. El tren avanzó junto a las aguas que descendían hacia el mar. El paisaje dejó atrás las montañas y el tren se hizo más veloz en la llanura. Pasadas varias horas de paradas en estaciones y aldeas hasta que se detuvo en el pueblo señalado.

Al descender sintió el alivio de poder caminar después de permanecer sentado, durante horas de la travesía. En la estación del tren una banda de músicos interpretaba vallenatos. Él consideró que el pueblo se encontraba en fiesta. No recordaba la fecha del patrono del lugar, tampoco si la celebración era de la virgen, o por algún motivo que desconocía, pues visitaba, su pueblo nativo, una vez al año. Comenzó a caminar con pasito lento y, poco a poco fue alargando sus pasos, por la calle principal que, desembocaba en el centro del poblado.  Los músicos terminaban un vallenato y pronto una nueva melodía salía de los instrumentos. Los voladores subían veloces y ruidosos. Estallaban en un aire festivo, en el cielo azul, manchado de nubes viajeras. A lado y lado desde las puertas, ventanas o en las aceras, hombres, mujeres y niños aplaudían a los músicos. El conjunto musical también se dirigía hacia la parte principal del poblado. Avanzó por varias cuadras hasta que avistó las palmeras del parque. El martes de cada semana se convertía en plaza de mercado.  Al llegar al sitio donde se hallaba la alcaldía y las oficinas del municipio, se sorprendió por una pancarta que le daba la bienvenida. No le cabía el asombro en su mente.

Cruzó en diagonal el parque o la plaza principal en dirección de la alcaldía. Los policías lo saludaron, incluso más de uno se quitó la capucha de la institución. Avanzó por un corredor en dirección al segundo piso. Al terminar la escalera miró, desde el balcón los músicos y la gente que los seguía. Al entrar en el ayuntamiento, la primera autoridad se levantó de la silla en que se encontraba. Le extendió la mano, lo saludó con respeto. Bien pronto vino la felicitación por su generosidad. Pero el hombre no entendía que pasaba.

Era un acto de benevolencia que hubiese donado la tierra que, había adquirido, al final de varios años, con sus ahorros. La nueva “urbanización” llevaría su nombre. El desconcierto se apoderó de él. No le cabía en la cabeza que se hubiese invadido el terreno de su propiedad. La cerca de alambre de púa desapareció. Chozas, tabucos, tugurios se levantaban en el predio que, le había comprado a un hacendado.  El apelativo que llevaría el nuevo asentamiento era un honor, de hecho reconocimiento.


Imagen destacada:https: https://sdemergencia.com/

Otras publicaciones de Silvio Avendaño en Proclama del Pacífico:

Silvio Avendaño

Articulos relacionados

jueves 1 octubre, 2026 a las 7:58 pm

A espaldas del Cristo

martes 29 septiembre, 2026 a las 3:41 pm

El Gran Hermano

lunes 21 septiembre, 2026 a las 7:26 pm

Polifemo y el Ciudadano.