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Jueves, 1 de octubre de 2026
sábado 30 julio, 2011 a las 8:06 pm

IMPRESIONES DE UN QUILICHAGUEÑO

POR LIC. JAVIER ENRIQUE DORADO MEDINA
Correo electrónico: [email protected]
IMPRESIÓN A: SICOSIS QUILICHAGUEÑA
Con motivo de los doce petardos que nos han estremecido últimamente, hasta el alma, sin ninguna justificación alguna y como dice la canción, “sin motivo y sin razón”, en nuestro amado Santander de Quilichao está resurgiendo una sicosis colectiva, como consecuencia lógica de esas acciones al margen de la ley. Cualquier ruido que escuchemos, cualquier portazo en la casa del vecino e incluso, cualquier “cuete” (dígase cohete), lanzado al aire con motivo de alguna celebración, es motivo de temor y de miedo, incluso de estrés, perturbando nuestro natural ritmo de vida.
Y esa sicosis lógica, se traslada a todos los objetos sospechosos, e incluso a la personas que nos rodean, y si son motociclistas, así sean amigos, por el “sospechoso casco”, entonces nuestro temor se acrecienta y como decían antes nuestro abuelos, “nos espantamos” y nos ponemos tensos.
Para demostrar lo anterior, traigo a colación, un caso de la vida real quilichagueña. Ocurrió el sábado 30 de julio del presente año, en horas de la mañana, cuando se regó el rumor de una supuesta bomba dentro de una caja de cartón, según algunos, localizada al frente de una conocida entidad bancaria, situada en los alrededores del parque principal y según otros, “se estaba desactivando un carro bomba”. Mientras estaba escuchando las diferentes versiones de parte de la gente, en un conocida librería quilichagueña, entró a ella un joven con pinta de universitario, llevando… una caja de cartón y un maletín, común y corriente. Al instante, todos los allí presentes, quedamos petrificados, mirándonos el uno al otro, haciéndonos señas con los ojos y dirigiéndolos hacia la extraña caja de cartón y al sospechoso maletín. Todos seguíamos lo movimientos del joven, quien, imperturbable, buscaba de manera tranquila un libro, o tal vez una revista. Entonces, de pronto…, colocó los dos objetos en el piso y al instante pensé “este joven sale ahora corriendo y nos deja eso botado en el piso y ni un policía en la calle. ¿Dónde estarán?. Fueron segundos eternos, que fueron rotos por una pregunta del extraño: ¿cuánto vale esta revista? Respiramos un poco, mientras él hojeaba la revista y la colocaba en el estante y entonces, con paciencia infinita, recogió la caja y el maletín y con paso lento, salió de la librería y se perdió en medio del gentío sabatino. Allí nos volvió el alma al cuerpo, recobramos la tranquilidad perdida y esbozamos una sonrisa tímida. En ese momento entró la dueña de la librería, le contamos la historia y ante la descripción del joven, contestó: ¡Pero si él es cliente nuestro! Al final, una sonora carcajada inundó el ambiente y la vida volvió a su cauce.
Ante las circunstancias de orden público que ahora vivimos, debemos tratar de conservar la calma, no dejarnos envolver por lo rumores, colaborar con las autoridades respectivas, llamar al policía del cuadrante (excelente idea), y ayudarnos entre todos, para hacer frente a la situación adversa que estamos padeciendo. LA UNIÓN HACE LA FUERZA. Santander de Quilichao merece la paz.
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