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Lunes, 12 de octubre de 2026
domingo 23 noviembre, 2014 a las 1:49 pm

Ilusa tregua al crimen se pide a las FARC

DIALOGOS HABANA
Alfonso Luna Geller
Por Alfonso J. Luna Geller

Intenté inicialmente escribir una carta a las FARC, tras los nuevos acontecimientos criminales que perpetraron a pesar de los diálogos que se han adelantado en La Habana en busca de la paz, pero recordé que son muchas las que les han enviado, sin respuestas de ninguna clase, al contrario, ratifican día a día la crueldad que los desnuda. Bueno, pero ya la había escrito, y se las haré llegar, ojalá, en medio de la arrogancia que los mancilla, por lo menos la vean:

Ustedes perdieron, desde hace muchos años, el objetivo sagaz que había inspirado la creación de una fuerza subversiva armada para una supuesta toma del poder político; ustedes agotaron los valores revolucionarios que entusiasmaban a no pocos soñadores juveniles que quisieron seguir los postulados sociales y estatales de un ‘Che´ Guevara o del sacerdote Camilo Torres, en otra orilla. Eso hace muchísimos años se acabó porque la dinámica social, económica, académica, tecnológica y científica frustraron además algún soporte deliberado que les ofrecía cierto sector de la sociedad creyendo que el sistema debía cambiarse utilizando la lucha insurrecta armada; eso fue superado por otros ideales, pero ustedes se quedaron rezagados, ustedes se quedaron sin motivo político valedero, atacando sin sentido a supuestos contradictores, ustedes lo saben; ustedes perdieron ideológicamente, ya no cuentan con el respaldo internacional de ninguna organización política de las que antes les hacían la segunda de manera romántica y hasta teorizante; ya nadie en el mundo les cree; también hace mucho tiempo, en consecuencia, y como siguieron armados, se fueron paulatinamente convirtiendo en aterrador enemigo del pueblo, en una poderosa banda criminal, y se dedicaron a asesinar inocentes para una brutal demostración de que tienen, no la fuerza necesaria para imponer criterios, sino la cobardía y la indignidad para el terrorismo indiscriminado sistemático, sin importarles en lo mínimo el dolor que todo el pueblo colombiano rechaza y padece; ante ausencias ideológicas tuvieron que dedicarse al narcotráfico que destruye a la juventud como fuente criminal de su financiación junto con el secuestro y la extorsión; ustedes encarnan un monstruo primitivo que debiera aprovechar la opción que la sociedad les ofrece para contribuir a la paz de manera civilizada, porque ustedes, de todas maneras, son seres humanos que infortunadamente apabullados por las realidades políticas no les quedó alternativa diferente al crimen como forma de vida. Pero, por Dios, no necesitamos, si están sentados en una mesa de diálogo, que hagan más demostraciones de un supuesto poder asesinando más gente, ya todos conocemos la capacidad temible para atacar a mansalva y sobre seguro, de manera cobarde, obvio, pues así, hasta el más poderoso puede ser víctima.

Les recuerdo que los soldados y policías colombianos son parte vital de nuestra organización social. Atentar de manera vil contra esta juventud que todos apreciamos y valoramos por su coraje y entrega y porque hacen parte de nuestra institucionalidad, es hacer terror y violencia irracional y desalmada contra todos los colombianos; cada vez que muere un soldado o un policía a manos de ustedes, es una puñalada trapera que recibe no solo una familia desilusionada, sino cada uno de los civiles que vemos horrorizados cómo alguien se puede alguien ufanar y «negociar» tanta maldad.

Sin embargo, la generosidad, inclusive el perdón, no el olvido, y el deseo unánime de que ustedes desaparezcan como terror colombiano y se conviertan en ciudadanos, es superior a la barbarie que cotidianamente ustedes nos aplican creyendo que así van a posicionarse mejor; se les ha tendido la mano, debieran estrecharla y, repito, aprovechar la oportunidad, yo diría inclusive, con misericordia.

Ustedes debieran darse cuenta de que lograron unir a todo (todo es todo) el pueblo colombiano en contra de su perversidad. Mucho más de la mitad apoya al Gobierno Nacional que a su nombre les ha presentado una fórmula que yo creo que es la mejor, porque podría detener este absurdo baño de sangre con acuerdos, con posibilidades de reintegro a la civilidad, con ofertas, que cualesquiera que fueran, siempre serán una exorbitante ganancia para ustedes, pero que estamos dispuestos a concederles con tal de que retorne la tranquilidad, el progreso, la armonía social. Un alto costo que la ciudadanía les brinda, a pesar de todo su siniestro historial. La paz lo justifica. Es una fórmula casi mágica, ilusionada, altruista, humanitaria. Y está también en contra de ustedes la otra mitad de este país, que también odia su accionar, como nosotros, y promete el aniquilamiento absoluto con las armas; más sangre, más guerra, más persecuciones, que no perdona, que no acepta fórmulas políticas ni diálogos con la delincuencia, y que por su accionar en los últimos 14 años ha demostrado ser casi tan peligrosa como ustedes mismos.

Miren lo que han logrado, ustedes también han sido instrumento para polarizar el país en dos grandes bandos, pero ambos contra ustedes. Es que ustedes, son además una coartada, un peligro para un posible, Dios no lo quiera, enfrentamiento civil, porque quien no tiene claro quién es el enemigo real, por intereses de poder supuestamente democráticos, también echa en la misma bolsa de la delincuencia ‘política’ a quienes vemos como mejor alternativa la terminación del conflicto armado con sentido humanitario, a quienes somos ‘liberales’ en la concepción de la sociedad. Ése es otro riesgo que con su accionar delictivo armado están patrocinando y hay quienes quieren fortalecerlo para ejecutarlo. Ustedes son la justificación para otro conflicto muy grave que se cocina en este país, por ahora, desde las tribunas.

La gran noticia, la demostración real de que hablan con sinceridad, que quieren acabar con tanto sufrimiento causado al pueblo colombiano, que ustedes renuncian a la criminalidad y que quieren reintegrarse a la sociedad civil-política, se produciría el día en que, por fin, declararan un cese al fuego unilateral. Que anuncien, y cumplan, que no van a matar, extorsionar ni secuestrar más colombianos, porque para lograrlo decidieron sentarse a la mesa de diálogo. Una tregua de ustedes clama la nación colombiana, no hacerlo es otra muestra de su cobardía y bajeza, de sus temores, de su peligrosa falta de seguridad en ustedes mismos. Les repito, no es necesario que hagan más demostraciones de lo que son capaces, ya lo sabemos; por eso les rogamos, por ahora, una tregua unilateral a la violencia, así podrían obtener más confianza en sus diálogos con el Gobierno, inclusive mejorar la disposición a otorgar y recibir mayores prebendas por la entrega de sus armas. Por favor, no insistan en que sea “bilateral” porque nuestro Ejército, Fuerza Aérea, Armada Nacional y Policía Nacional son instituciones armadas del pueblo colombiano, de todos y cada uno de nosotros, que no se crearon para combatir únicamente a las FARC, no sean ilusos ni abusivos al compararse con estas instituciones; no sean igualados. No señores, estudien para que conozcan en la Historia colombiana la superioridad exclusiva, constitucional, estatal y moral que las soporta, por lo cual nunca podrán dejar de ejercer la misión institucional para la que fueron creadas, en ningún centímetro del territorio colombiano, porque son un soporte capital del verdadero Estado de Derecho, que no está en negociación; mientras que la delincuencia supuestamente política que ustedes practican, es simplemente una degeneración social que debe ser combatida en todo instante y en cada centímetro del territorio colombiano.

Todo este deshilvanado discurso para rogarles dejar el orgullo, la arrogancia, en nombre de todos los colombianos que padecemos su presencia como organización delincuencial temiblemente armada, advertir que el Gobierno desea acabar con la guerra de manera humanitaria y que es la oportunidad que ustedes debieran aprovechar para evitar más sangre sobre nuestra tierra y, de contera, eliminar el riesgo de un conflicto civil que puede originarse por la intransigencia de quienes ven como única posibilidad la derrota militar de todos ustedes, en un conflicto para los siguientes 50 años.

Ilusamente, no esperamos las mismas respuestas de siempre.