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Miércoles, 7 de octubre de 2026

IDEOLOGÍA EN LA LITERATURA

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Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
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Carátula del libro de Efer Arocha

La poeta Martha Patricia Meza acaba de hacerme llegar el libro Los escritores en la Comuna de París. Tal vez sabía ella que desempolvaría ideas que estuvieron quietas desde que estudié filosofía e historia universal. Va uno viviendo con las pequeñas indicaciones que sus profesiones le insinuaron y no encuentra pronto a Aladino que haga salir al genio que ilumine con el fuego de la verdad.  

Este libro de Efer Arocha, director de Vericuetos, camino escabroso en Internet, tiene un diseño y una concepción algo extraña. Da la percepción de que fuera impreso en Francia, sin embargo, fue editado en Bucaramanga, como homenaje al 143 aniversario de la influencia y el triunfo de la llamada Comuna de París entre marzo y mayo de 1871.

Se llamó Comuna al conjunto de ciudadanos que en nombre del lema Libertad, Igualdad, Fraternidad se unieron contra el régimen que dominaba Francia con Adolfo Thiers desde el palacio de Versalles.

A más de ubicar al lector en el contexto de lo que era la sociedad francesa en ese período, Aroca en su libro llama la atención de lo que pasaba en la literatura de esa época. Divide a los escritores, – poetas, novelistas y periodistas, panfletistas – en Literatura de la nobleza, Literatura burguesa, Escritores contra la Comuna y Escritores Comuneros.

Siempre se ha dicho que la literatura es un vehículo de la cultura y que en ella se halla aposentada la ideología reinante en cada momento histórico. El escritor no puede escapar a su influjo. Al vendaval o a los halagos de los regímenes políticos. En su modo de enfocar sus versos, sus columnas, los parlamentos y asuntos que envuelven a los personajes, se involucra en el pensamiento que lo nutre y que profesa. Inconciente o concientemente tomará partido a favor o en contra.

Muchos lectores habrán tomado en su mano autores y libaron con ellos sus ardores y las situaciones que pintaron. Los subyugó la fuerza de la palabra, el fervor de la sangre, la actitud certera de los personajes. Pero no cayeron en la cuenta del trasfondo del que salían los resplandores. De qué lado estaban alineados y por qué vociferaban. No es lo mismo pertenecer a tal facción o a un ghetto o una cofradía que grita su consigna.

Ubica a la literatura de la nobleza o de corte y lenguaje aristocrático al Roman de Alexandre, a las proezas de Los caballeros de la Mesa Redonda, la novela La princesa de Cleves o los libros de preceptiva de José María Lisle. Y a los autores Alfred Víctor de Vigny, Gustave Flaubert, Joseph Arthur de Gobineau, Saint Beuve, Anatole France, los hermanos Edmont y Jules de Goncourt, Joseph Ernest Renan, Maxime du Camp y Jules Barbey D´Aureville que se reunían por llamado de la princesa Mathilde.

Clasifica Arocha entre los literatos que se plegaron a la burguesía en contra de los comuneros a George Sand, Emile Zola, Alexandre Dumas, hijo, Leconte de Lisle.

Como primerísima figura entre los escritores comuneros está Louise Michel, poeta, educadora y volteriana. A su lado están Victor Hugo, Henri Rochefort, Jules Valles, Paul Verlain, Louis Charles Delescluze, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Eugene Pottier, Raoul Rigault, Louis Xavier de Ricard y Karl Marx.

El listado no acaba allí, ni en Francia. Sigue funcionando el rol del literato. Siempre habrá amigos de la pompa, cortesanos, de habla laudatoria y afectos al poder, el comercio y la farándula. Y habrá otros que canten contra la barbarie y la espuela.