14 de julio de 1789: En el contexto francés cercano esta fecha alimentó a la revolución social en todas sus formas. El alza en los alimentos, la crisis económica y el desprestigio de la monarquía fabricaron un clima de rebelión con pocos antecedentes en la historia. Desde mayo de ese año el Tercer Estado —en el cual se agrupaban los campesinos, artesanos y la burguesía— de la nación francesa procuró ganar más representación y poder en el gobierno. Por ese último motivo, los debates previstos fueron bloqueados por la nobleza (Segundo Estado) y el clero (Primer Estado). El 17 de junio de 1789, los representantes del Tercer Estado y de una parte del bajo clero desconocieron las decisiones de estos Estados Generales y se constituyeron como Asamblea Nacional. El rey inicialmente se opuso a esta idea, pero fue forzado a reconocer la autoridad de la Asamblea, que el 9 de julio se autoproclamó Asamblea Nacional Constituyente, una institución cuyo propósito era crear una constitución para el país. Para defender la Asamblea Nacional de un posible ataque de las tropas reales, y para asegurar el orden en la capital, las autoridades municipales parisinas decidieron crear una milicia popular de 48 000 hombres, la llamada Guardia Nacional, cuyos colores fueron el rojo y el azul.
Entre el 11 y el 12 de julio comenzó a correr el rumor que el rey pretendía sofocar la Asamblea utilizando al ejército y a los mercenarios extranjeros que se encontraban bajo su servicio. Este rumor cobró fuerza con la destitución del ministro Jacques Necker. Para el día 12, multitudes en las que se contaban miles de personas circulaban por toda la ciudad. El día 13 se dieron algunas escaramuzas y se incendiaron los puestos de control de las entradas de Paris. Finalmente para el 14 más de 100 mil personas invadieron el Hôtel des Invalides donde se aprovisionaron de armas y municiones del ejército. Casi que por resultado de una intención espontánea la multitud se dirigió hacia un lugar específico que despertaba el mayor desprecio: en el centro de Paris todavía existía La Bastilla una fortaleza y prisión medieval que para esa época no prestaba más función que aquella de simbolizar la monarquía despótica y desinteresada por el destino de sus súbditos. Cerca de diez mil insurgentes atacaron a la fortaleza que era defendida por apenas 114 efectivos y 30 piezas de artillería. Los revolucionarios capturaron al comandante de La Bastilla y lo ejecutaron cuando era conducido hacia el Ayuntamiento de la ciudad. Al día siguiente el duque de Rochefoucauld fue el encargado de informar a Luis XVI sobre los hechos sucedidos en Paris. Se dice que el clímax del este conversación se dio con el siguiente intercambio de frases:
– “Pero ¿es una rebelión?” preguntó Luis XVI.
– “No, señor, no es una rebelión, es una revolución.” respondió el duque
La toma de la Bastilla se asumió como el acontecimiento que dio comienzo a una Revolución que cambió el destino de Europa y que puso a tambalear a todo el orden establecido en esa época.
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