EL HOMBRE SIN FANTASÍA



Ya he leído en dos lugares el terrible infundio del periodista argentino Andrés Oppenheimer de que deberían desaparecer las facultades de humanidades y la poesía, tal como lo propone también la Universidad Complutense. Todo para ampliar el paso a la era de la tecnología y los negocios de consorcios y empresas multinacionales que salvarán a las naciones.
A pesar del fascinante el invento de la internet y la magia del celular con sus aplicaciones e inmediatismo y la tecnología de punta en la industria que ha permitido la evolución del pensamiento y el cambio y mejoras de instrumentos al humano… sigo pensando que es necesaria la filosofía, la poesía y el humanismo.
Desde que mi profesor de filosofía Francisco Acosta me habló de las aporías de Zenón y de la tortuga que apostaba con Aquiles y que la saeta disparada jamás llegaría a su punto de destino, supe que la imaginación es necesaria para el ser humano. Sin ella no es posible la creación de nuevos instrumentos ni el cambio de paradigmas. Sin la fantasía, Alicia no habría podido pasar al otro lado del espejo. ¿Cómo así que cuando uno se baña en el río, nunca más volverá a tocar esas mismas aguas? El río a cada segundo cambia de contenido, lo descubrió Heráclito sentado en la orilla en pantaloneta.
En medio de cada invento tecnológico o atómico hay una teoría, una metodología, una dosificación de la materia y de la forma de las cosas. Vuelve a jugar Platón con los fantasmas de la caverna: los robots y los drones saltaban ya en el mundo de las ideas y vuelve el astrofísico Aristóteles con su artefacto de la materia signata quantitate. Aparecen en la pantalla haciendo coquitos Kant o Heidegger para recordarnos sus imperativos categóricos o sus consideraciones del tiempo.
La tecnología, la revolución atómica, el cambio global que fue impulsado por la innovación espacial, las comunicaciones y la inmediatez de la actualidad en el tiempo real, Dasein-estar ahí, no pueden evadir el paso por la imaginación y la resolución de enigmas que propusieron los genios que salían de la redoma y de la mente de los sabios pensativos en la antigüedad griega o egipcia.
No. El ser humano actual es de la misma fibra que el antropopitecus de hace billones de años. Todavía se asombra y es capaz de evolucionar hacia formas infinitas. El progreso del mundo a nivel tecnológico está empezando apenas. Y necesita el motor de la imaginación y de la serendipity para encender sus ganas de producir. La rueda que inventó el ser humano hacia el IV milenio a.C. aún está en evolución. Le han puesto dientes, piñones, caballos y propulsores atómicos. Eso no es fruto de la casualidad sino de la chispa del ingenio y el amor a la sabiduría del ser humano.
11-07-16 9:45 a.m.
http://elpais.com/elpais/2016/06/22/opinion/1466601557_652759.html
http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2016/07/07/respuesta-a-andres-oppenheimer/



