HISTORIA DE UN DÍA LIBRE


HISTORIA DE UN DÍA LIBRE

El día amaneció nublado en la ciudad caliente. No se puso bufanda porque neblina no quiere decir frío. Así que el día no se amilanó y salió libre de prendas a lucir una cara alegre.
Había que ver al día plácido, libre de ropas, con sus brazos, piernas y axilas al aire. Sus pies sin sandalias y sus ojos muy abiertos. El día infló sus pulmones y su nariz se hinchaba a cada paso que daba para permitir la entrada de oxígeno. El día quiso escribir la crónica de sus actividades en las afueras de la ciudad. Allí no había cronista: nadie le espiaba para registrar sus movimientos.
Limpió sus gafas de sol y se las montó sobre las orejas y la testa como un turista gringo. Lucía un pantalón blanco y una camisa de mangas larga y sin sus zapatos tenis blancos. Como todo un gentleman salvaje.
¿Qué le faltaba al día para pasar un día sin los afanes de un día cargado de trabajo y fiesta e invitaciones? Sí, le faltaban varias cosas. Salió un poco afuera del pueblo a buscar el arroyuelo con sus aguas cantarinas. Le faltaba ver correr y oír las aguas saltarinas por encima de las piedras. Qué palabras van envueltas en las gotas de su lecho. Se ven mover los labios y se oye el rumor de su canción.
Y le faltaba oír el aleteo de las hojas de los árboles al paso de la brisa y al sentir el beso de su boca multiplicado en cada rama. Todos los días ocurría el mismo fenómeno pero no se daba cuenta. Hoy lo sintió por el canto de pino y por el gorjeo de un petirrojo que picaba el fondo de un hoyito en su lomo.
El día estaba de paseo como cualquier niño o como la novia el día antes de casarse. Quería darse el placer de sentir en su cuerpo de 24 horas el abrazo de la Naturaleza que lo rodeaba siempre y no lo había disfrutado como hoy.
Miró hacia arriba y vió el cielo blanquecino y el sol entrelazado con unas nubes. ¿Qué pasaría hoy que sentía distinto el día a los anteriores días? Su corazón latía. Al par que los humanos. Esa era la diferencia. Nunca lo había percibido. Era parte no solo del paisaje sino de la gente que vive día por día.
Cada día tiene su personalidad. Se cambia de vestido, se peina y, a veces, se baña todo el cuerpo, se levanta temprano y se acuesta cuando empiezan las sombras a llenar su espacio de luz y sonidos fuertes. Llega la penumbra y todo lo invade. La Naturaleza calla y empieza un gran silencio en el reino de la noche, el ser opuesto al día.
Oh, día, reino de sabiduría, de luz y alborada, de sol esplendoroso y calor necesario para la semilla y la vida. Cuando amanece comienza tu mandato y las tinieblas cierran la cortina de toda tu casa.
19-06-18 6:36 p.m.
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