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Jueves, 1 de octubre de 2026
martes 28 febrero, 2017 a las 3:40 pm

HABÍA UNA VEZ…

Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia Q ©

Había una vez un hombre que no tenía ego; vivía en felicidad perpetua, el cielo era su espejo. El agua se lavaba a sí misma cada que él se contemplaba en ella. Los árboles, sus confidentes, eran el tono de su alma. No sabía quién era y no le importaba. Viajaba entre el cielo y la tierra con la facilidad del viento; se podría decir que había inventado el vuelo, a no ser por su modelo, los pájaros. El bosque era su casa, la noche su fragancia.

Un niño lo encontró un día; estaba absorto en su ensimismamiento; lo llamó tocándolo en el brazo, y él resplandeció atendiendo a su llamado.

«Pequeño -le dijo-. ¿Quién soy yo? Soy liviano pero no tengo nombre, y a veces el sol me lo pregunta».

«¿No tienes un nombre?», le preguntó el niño.

«No; a no ser por los días que pasan, ni siquiera sabría que hay un mundo». «Enséñame, llévame a tu sueño», le dijo el niño.

«Basta con que seas niño; no vayas a crecer con la ruindad de las ideas; entonces serás feliz, sabrás que el pensamiento es la fruta mala del campo», le contestó el hombre.

El niño lo miró asombrado; hasta él tenía un nombre y algunos pensamientos en el curso del día. Entonces se alejó sin comprender, quedó envuelto en el ovillo de sus pequeñas cavilaciones. El niño se hizo grande con los años, pero nunca pudo olvidar a ese hombre singular, que tenía el aura del enigma y la felicidad a flor de piel, y sus cabellos brillaban como el sol.

RVQ

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