GUERRAS, DESTRUCCIÓN, HECATOMBES…

GUERRAS, DESTRUCCIÓN, HECATOMBES… / El mundo es práctico, un terrón inmenso de cosas tocables y valores intercambiables en la practicidad de la existencia. La economía, entonces, rige como máximo poder práctico en un mundo regido por demandas y correspondencias entre unos y otros; es ama de la política y máximo valor adorado por los hombres; becerro de oro que desplaza a cualquier otro dios por verdadero y superior que sea. De nada vale un idealismo que se sienta en las nubes a invitar a su reino de delicias, si lo que urge directamente es el hambre, la falta de lugar dónde vivir, desnudez del cuerpo y enfermedades, infinidad de problemas derivados de la precariedad moral que gobierna sobre el mundo, todo ello incitando la envidia de lo que no se tiene ni se puede alcanzar. ¡Utopía!
Ésto, a niveles ínfimos, individuales, que crecen hasta permear una región, un país, un continente, y el orbe en total, al final. Sin duda esta puede ser una caricatura de un problema mucho más complejo, que requiere mayor penetración, análisis y consideración objetiva de las cosas y la realidad.
Un amigo dijo una vez: «Rodrigo tiene la candidez de reducirlo todo a simplicidades ineficaces». Pero yo me pregunto, de qué valen todas las sofisticaciones políticas en este sentido, todas las discusiones regionales e internacionales, las cumbres mundiales, los organismos internacionales, las predicaciones religiosas y filosóficas, todo un espectacular despliegue de preocupaciones teóricas, propuestas, leyes y estatutos para mejorar el mundo, si el ser humano se ha fragmentado en un sinfín de enfrentamientos cruentos, imposibles de sanar si primero no existen la nobleza y buena voluntad entre los hombres?
Guerras, destrucción, hecatombes, masacres, invasiones, bombardeos… ¡horror total! Ya se llamen Aushwitz, Hiroshimas, Bosnias, Ucranias, Gazas o simplemente Catatumbos, son el diagnóstico innegable del desastre generado por un mundo falsamente predicado como «civilizado»; tosudez de un Edén perdido en la estupidez, desgracia y maldición, enfermedad cósmica en el ADN espiritual de la humanidad, por los siglos de los siglos…
**RVQ**
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