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miércoles 26 junio, 2013 a las 10:57 am

Gardel

Gardel
Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

GardelEl 24 de junio de 1935, desapareció físicamente el inmortal Carlos Gardel.

Dos países se lo disputan. Uruguay insiste en reivindicarlo como uruguayo nacido en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1887 mientras Francia promulga su venida al mundo en Touluse el 11 de diciembre de 1890. La fecha de su nacimiento se pierde entre la niebla de una leyenda truculenta y las contradicciones de Francia y el Uruguay. Carlos Gardel (Charles Romuald Gardes) no se pronunció nunca acerca de su verdadera nacionalidad. “Soy uruguayo, argentino, criollo y río platense”, solía decir. Hoy el también llamado “Morocho del Abasto” o “Zorzal criollo”, es ciudadano universal. Su voz de ejecutorias sorprendentes, surgió simultáneamente en todas las veredas de este mundo sacudido por la pasión y el desenfreno humanos. Fue a más de cantante sin par, protagonista de “Luces de Buenos Aires” y otras películas que llevan el sello de la Paramount. Los públicos de España, Francia, Italia, Londres, Viena, Costa Azul, Berlín, Barcelona, lo celebraron con delirio. En Puerto Rico, Venezuela, Aruba, Curazao, Colombia, Panamá, Cuba y México, corrió su última jira, truncada el 24 de junio en el aeropuerto Las Playas de Medellín. Ahí quedó silenciado para siempre con Alfredo Lepera y algunos de sus músicos. Fue su última actuación, quizá la “Noche triste” de cada uno de los hombres y mujeres que extravían la sombra, el compás fuera de foco que en la cima de sus 48 años, le salió al paso y le cerró el camino.

Lo único irrebatible de su historia es su nacionalización argentina e infancia, adolescencia y juventud vividos a plenitud en el Buenos Aires de finales del siglo XIX y principios del XX. Ha caído mucha agua desde la época de los conventillos, compadritos y boliches de carreros y cuarteadores donde el artista inició su brillante faena, hasta hoy, cuando a 78 años de su trágico fallecimiento, sigue echando a volar como nadie lo ha hecho esos aires retadores y acongojados donde tango y milonga siembran de relámpagos y cuchillos las esquinas del arrabal.

El tango “ese sentimiento que se baila”, fue también su nombre. Como él se miró por primera vez en los turbios espejos del Río de la Plata e hizo suyos lupanares y teatros de postín. El malevaje del destino le jugó temprano una mala pasada. Hoy descansa en el cementerio de la Chacarita en el “Buenos Aires querido”, que le prendió en la solapa la primera estrella.