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sábado 31 marzo, 2012 a las 5:09 pm

GARCIA MARQUEZ

Por Paul Disnard
(Este breve ensayo fue solicitado por la redacción del periódico “BLITZ” de Belgrado, al autor le ha sido enviada la traducción al serbocroata para su aprobación, en la próxima semana del mes de abril será publicado en el suplemento literario de los sábados.)

El pasado seis de marzo García Márquez cumplió 85 años. A causa de sufrir un cáncer linfático se ha retirado a la placidez de la soledad para rumiar sus  recuerdos y ponerse al día leyendo todo aquello que había dejado de leer  entusiasmado como estaba escribiendo sus memorias.

Refiriéndose a la obra de García Márquez, Pablo Neruda, el extraordinario poeta chileno, premio Nobel de 1971 y de impositiva influencia en la mayoría de los escritores y poetas de América Latina: “gran maestro de la prosa poética”. Nada de raro tiene que le haya dado esa calificación. Colombia fue siempre catalogada como un país de poetas, no sin razón se considera que el bogotano José Asunción Silva (1865-1896) haya sido el padre del modernismo que entró de lleno a la literatura española y por ende de Europa con la llegada en 1892 a la Península Ibérica del nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) quien contribuyó a darle mayor forma y sonoridad a los esfuerzos de Silva por renovar y enriquecer la estructura literaria y poética heredada de España ya estancada en la llamada generación del 98. Si hago mención del movimiento que al principio y despectivamente fue calificado “modernismo” como ha sucedido posteriormente con la aparición de García Márquez que, simultáneamente en concepto del cubano Carpentier, se habló del realismo mágico. Algo paradójico, pues los modernistas en aquel entonces se encaminaban por la realidad y la naturaleza, eran los finales del siglo 19 y grandes cambios políticos y sociales se anunciaban con la entrada al siglo XX. Más que en su poesía la prosa de José Asunción Silva tenía las connotaciones poéticas de Becquer (1836-1870) que, al parecer,  influyó de igual manera en Rubén Darío.

España había perdido sus colonias, el idioma que se habla en sus antiguas posesiones camina igualmente en forma diametralmente opuesta e independiente de la metrópoli, era lógico y normal que de la misma manera las amarras lingüísticas se transformaran de acuerdo a las reglas que imponía un nuevo orden que surgía precisamente de ese exótico injerto en tierras americanas.

Personalmente no creo en la influencia que pueda tener García Márquez en los nuevos escritores, es un craso error creer que así sea, quizá hubo intentos de algunos desadaptados a la aplicación de la receta proveniente de lo que llamaban realismo mágico, porque en esencia no era nada nuevo si recordamos que anteriormente hubo tipos de novela tales como La Vorágine, Huasipungo, El mundo es ancho y ajeno. Muchísimos años antes de que apareciera en las librerías de Colombia “Cien años de soledad”, una editorial española había publicado la novela de un escritor yugoslavo, Miodrag Bulatovich, titulada “El gallo rojo vuela hacia el cielo”.

Tomada en consideración con la fecha actual y sin fijarnos en los años de su edición en España diríamos que hay en ella influencia de García Márquez, como sucede también con el autor de “Los versos satánicos”. Son tres mundos que se reflejan entre sí con la belleza de sus contradicciones étnicas, su riqueza folklórica, sus leyendas y mitos alojados en escenarios que se escapan de la realidad y que precisamente por ser exóticos nos aproximan espiritualmente: Serbia, India, América Latina. Considero que se trata más bien de revaluar los conceptos que inspiraron en su época a los modernistas para reclamar la presencia de la naturaleza americana, tan llena de colorido y contradicciones en un mundo que fácilmente podía perderse entre la vida real y el mundo imaginativo y conceptual del hombre americano como dio en plasmarse en los pintores tanto de México, como del Ecuador y de Bolivia herederos de una gran riqueza plástica que ya existía entre Mayas, Aztecas e Incas y cuyo mundo precisamente se difuminaba entre lo real y lo imaginativo.

Lentamente se rezaga García Márquez al rincón de los clásicos donde ya se encuentra Don Quijote, hay nuevos autores, nuevas novelas por leer, nuevas experiencias, el tren avanza, corre hasta perderse en el horizonte de Internet.

¿Recuerda alguien a Selma Lagarlof?

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