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sábado 24 junio, 2017 a las 3:14 pm

EL FANTASMA DE LAS FARC

Guerrilla de las Farc
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

EL FANTASMA DE LAS FARC

Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.

El Santo de Asís no le dijo nada,
le miró con una profunda mirada… 

Rubén Darío. Frag. Los motivos del lobo.

Se acaban oficialmente las Farc, respiraba hondo el Presidente ayer mientras daba el anuncio. Así pasará a la historia porque durante su mandato ocurrió este dato. Sí. Porque es un artículo más que se vende como pan caliente en las noticias del mundo. Mas detrás del anuncio hay otras consecuencias que es bueno enumerar.

Ya no entrarán tantos muertos a las morgues de Medicina Legal. Antes llegaban casi medio centenar por día. Hoy se acabó la carnicería. Perdón, pero era así la escena dantesca y cruenta. Ya los campesinos tendrán un poco más de arraigo en sus parcelitas y tranquilidad. Ya no habrá más visitas incómodas ni tendrán que compartir su almuerzo con gente con fusil y hambre. Ya podrán dormir y no habrá que esperar que lleguen, de pronto, y tengan que salir.

Ya no habrá más cilindros dando botes por entre la calle y sobre las ventanas de bancos, tiendas, mercados y casas en los pueblos cerca de sus campos de operación. Ya no sonarán en la cumbre, sobre el cerro, las ametralladoras a cualquier hora. Ya no bajará la tropa con ropa de soldados mal trajeados a correr detrás de alguien que huye aterrado. Ya no verán sus habitantes arder a sus vecinos y quedar sin techo. Y eran gentes humildes sin pan ni ahorros, ni escuelas ni iglesia para refugiarse.

Ya la lista está larga, pero más larga fue la época que tardaron en volver, como el lobo de Gubbio, los proyectos de salvadores de la liberación y la lucha por un mejor estar. Han vuelto con la cantilena de querer la paz. Sí, allá en el monte se dan las liebres, los guatines, los lobos y micos, las corales y el tigre también. Pero eso tan bueno que se llama Paz solo es producto del hombre cuando quiere el Bien.

No por el hecho de vivir en la ciudad, y ellos lo saben, sobrevendrá la anhelada Paz. Una parte es que no haya más muertos que vayan a Medicina Legal. Pero otra cosa es que el Gobierno no cante victoria porque volvieron a vivir en casa. Eso no es del todo la Paz.

La Paz, aquí y en Cafarnaúm, es que haya bienestar por igual para los de arriba y para los de abajo. Que no haya mendigos, que no haya malos salarios, que no se venda la patria a los extranjeros, que se mate a la Tierra con las explotaciones de oro, petróleo y níquel. Que otros se lleven la Tierra que nos pertenece a todos, que nadie quite el dinero que corresponde al que sufre y trabaja. Que no haya mezquindad, que no se haga cumplir la ley del embudo con la ley laboral. Eso tampoco es Paz. Ese no es el fin de la ley, lo dijo Salomón. Todo debe ser mitad por mitad. Mitad para el amo y mitad para el esclavo.

Ah, Paz tan esquiva y tan manoseada. Tan justa y tan mal aplicada, tan cacareada y tan llena del disfraz del político. Como la tal promesa de las pensiones…

23-06-17                                            10:28 a.m.

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