Exabrupto que a nadie incomoda

Cuando un indígena deja su territorio, viaja más de tres horas hasta Popayán sólo con la intención de protestar frente a las instalaciones de los gobernantes de este departamento, es porque algo está muy mal. Pasó el vienes anterior, cuando la comunidad del Resguardo de Río Blanco, Sotará, llegó a la capital del Cauca proveniente del macizo colombiano.

Más de cuatrocientos comuneros con banderas, pancartas y pasacalles exigieron el respeto a la vida y protección de sus líderes del Cabildo Indígena de Río Blanco, jurisdicción de Sotará, sur del departamento. El recorrido fue largo, más de diez cuadras desde la calle trece hasta el centro histórico de la ciudad, pasando por el parque de Caldas y culminando a las afueras del Palacio de Justicia. El rostro de los indígenas lucía rojo por la inclemencia del sol que ese día acompañó la jornada.
La escena era repetida. Ocho semanas atrás, caminaron el triple de personas de la misma comunidad con un cajón a hombros, en el que pasearon el cuerpo sin vida de Willar Alexander Oime Alarcón, gobernador interno de Río Blanco, Sotará, que fue asesinado en el sector histórico de la ciudad. Han pasado dos meses y desde la Policía manifiestan que la investigación continúa pero no se han podido establecer los responsables del hecho.
Para las autoridades indígenas es inconcebible, dijo José Omar Muñoz, nativo Yanacona. Usted puede levantar un archivo histórico y verá que nunca han encontrado los responsables de asesinatos a indígenas en el Cauca. Y lo dice con angustia pues el homicidio del joven comunero Willar Alexander, significó un retroceso para la comunidad.
Los indígenas venían tratando de superar la muerte del gobernador mayor de los yanaconas quien emprendía una la lucha por el territorio y el plan de vida de los comuneros, cuando apagaron su voz. De allí que Oime Alarcón se convirtiera, como ellos dicen, en el símbolo de esperanza para su gente, esperanza que duró solo unos meses.
Los asesinatos no paran allí. José Omar explica que después vino el homicidio de Cristian Anacona Castro, otro joven líder comunero, y además, se encuentra desaparecido Alveiro Jiménez. Estos casos son muy preocupantes porque se trata de personas, primero, producto de un proceso de formación comunera, y segundo, de líderes que defienden la tierra y los recursos naturales. El rechazo a la minería ilegal y la ocupación de sus territorios por grupos sin identificar les ha costado la vida.
Un informe de la Organización de Naciones Unidas ubica al Cauca como primero en la lista, al sufrir el mayor número de asesinato de líderes, al cierre de abril. En lo corrido del año ya son 21 dirigentes asesinados por grupos relacionados con el crimen organizado y la minería ilegal, siendo Cauca el que lidera estos índices con cinco defensores de Derechos Humanos ultimados.
En ese sentido, preocupa el silencio de las autoridades en este departamento. No se sabe a qué juegan. Se ha incrementado el homicidio no solo de líderes indígenas y en el departamento se habla de un Cauca incluyente y de un territorio de Paz, de la época del cambio; un exabrupto ante esta realidad que a nadie le incomoda.



