lunes 27 enero, 2014 a las 9:11 pm
Tenía la misma edad nuestra, entre los 18 y 20 años, nos reponíamos del trauma dejado por la espantosa muerte de varios de nuestros compañeros que hicieron caso omiso de los indígenas que conocían las inesperadas rabietas del patrón de las alturas. “No sigan que el taita está furioso”. Era un domingo de candorosos rayos […]
