jueves 9 junio, 2016 a las 11:26 am
No muy temprano el ermitaño abrió los ojos en su cubil cercado de arena. Hasta su nariz corta llegó cierto olor vegetal, escaso en la inmensidad del eremo. Eran mínimos retoños de hierbecilla que salían de entre la arena y asomaban sus cabecitas verdes. Fueron señal de nueva vida que emergía de un terreno signado […]
