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Domingo, 11 de octubre de 2026

Recordando al maestro Ernesto Saa Velasco

Recordando al maestro Ernesto Saa Velasco

Recordando al maestro Ernesto Saa Velasco
A propósito de los 40 años de la toma
y retoma del Palacio de Justicia

Por Jerónimo Velasco

Recordando al maestro Ernesto Saa Velasco

El 6 y 7 de noviembre se cumplieron cuarenta años de la toma y retoma del Palacio de Justicia. Con el propósito de aportar a la memoria de ese episodio tan doloroso de nuestra historia reciente, acudí a mis archivos personales y encontré un ejemplar de La Rueda Suelta, órgano informativo del Movimiento Cívico de Santander de Quilichao, Cauca. Allí hallé el artículo “Palacio de Justicia: emotividad y análisis”, publicado en diciembre de 1986 y escrito por el maestro Ernesto Saa Velasco (Q. E. D.), reconocido académico de la Universidad del Cauca y jurista, considerado uno de los constitucionalistas más rigurosos y coherentes del país, nacido en Santander de Quilichao.

PALACIO DE JUSTICIA, EMOTIVIDAD Y ANÁLISIS

Recordando al maestro Ernesto Saa Velasco
Imagen:  https://www.tribunalmedellin.com/

Por Ernesto Saa Velasco

Todo acontecimiento encierra un verdadero significado que cada uno de nosotros puede encontrar y comentar.

La capacidad de razonamiento pertenece a todo ser humano y debemos practicarla para darle estímulo; nadie puede “tragar entero”.

Para obtener la verdad se tiene que dejar a un lado las “influencias extrañas” provenientes de la prensa, de la radio, la televisión, la “versión oficial”, someterlas también a la crítica, no aceptar de inmediato e incondicionalmente; de ese examen total saldrá por convicción nuestra opinión.

Está comprobado, igualmente, que solo el ser humano es emotivo, es decir, ama y tiene sentimientos, posee afectos, un mundo síquico.

El animal no ama ni es afectado por las emociones, sus movimientos son instintivos. Por eso, únicamente el hombre padece dolor íntimo ante la muerte de sus semejantes, dolor intenso tratándose de sus seres queridos; solo él quiere en el estricto sentido a sus hijos, padres, esposa y parientes.

Esta emoción, cualidad exclusivamente humana, a veces domina las conductas y el pensar provocando posiciones sociales y políticas sin reflexión y alejadas rotundamente de la verdad de lo sucedido.

Estas reacciones emotivas hay que “racionalizarlas”, es decir, controlándolas mediante el oportuno y meditado raciocinio.

Con las anteriores consideraciones nos permitimos presentar algunos aspectos sobre lo acaecido en el Palacio de Justicia.

No somos dogmáticos y nuestros puntos de vista los exponemos al juicio de los sectores.

Se salvaron las Instituciones

Pero ¿quién repara las vidas de muchos seres humanos caídos?

Este interrogante sin respuesta contiene un estilo de gobierno preocupante: para el Estado nada vale la vida de sus gentes, lo valioso y que merece sacrificio no importa el precio, es la estabilidad del Estado y de sus gobernantes.

La brutal ocupación por el ejército del edificio “a sangre y fuego” y agreguemos los episodios de las “tierras arrasadas”, indican con claridad que el ideal supremo es el de dejar a salvo unas instituciones abstractas no interesa el costo en vidas concretas aún de quienes las personifican.

Murieron magistrados, trabajadores judiciales, abogados, guerrilleros, soldados, policías y civiles, pero se recuperó el Palacio (un inmueble) y los máximos organismos del poder judicial (como tales abstracciones y despersonificadas) continuarán funcionando con otros funcionarios.

La vida de un hombre es grande y sin lugar a dudas prevalece antes que un postulado general.

Estas actuaciones gubernativas recuerdan las reglas inflexibles de Hitler: lo primario es la consecución de la “grandeza de la Nación Alemana” así mueran millones de individuos alemanes de “carne y hueso”; o la guía implacable de Mussolini, “nada contra el Estado”; o la orientación en la aplicación implacable de la ley cuando saca avante un pequeño inciso cometiendo una inmensa injusticia.

La Conmoción Emotiva

¿Por qué tanta conmoción? ¿Será por las muertes ocasionadas? No lo creemos.

Desgraciadamente el país está acostumbrado a la pérdida de vidas.

Las masacres de inocentes generadas por los ataques militares en zonas de Toribio, Tacueyó, Jambaló, Siloé y muchos más, contabilizan elevadas víctimas. ¿Por qué estos han ocasionado tantos impactos?

Sale a nuestro paso la sabiduría del aforismo: “cuando la copa de oro del poderoso se lesiona hay pánico, pero el rompimiento de la copa de barro del humilde pasa inadvertido”.

Son inobjetables las calidades personales, profesionales y ciudadanas de los juristas desaparecidos; sin embargo, pensemos si el sacudimiento y la vasta protesta fueron producidos por sus muertes o por la circunstancia accidental de encarnar la investidura jurisdiccional suprema.

No constituyeron los magistrados el objetivo del ataque, el blanco del atentado es una rama del poder del Estado, es esta la que sufre la arremetida por quienes están contra el Estado.

Las muertes producidas son las consecuencias de la defensa desmedida y absurda de la institución sorprendida por las fuerzas oficiales.

Los hechos del Palacio de Justicia son unas de las secuelas trágicas de la “guerra no declarada” que se extiende por el territorio colombiano pero que tocó ya en lo alto, nada menos que la estructura del Estado y por esta razón tan extensa difusión y dirección por el mismo Estado.

La interpretación gubernativa remueve la emotividad masiva de la población lanzando expresiones como la siguiente: “los guerrilleros asesinaron a ilustres juristas”, “sin compasión incendiaron el recinto de la justicia”, “los enemigos de la paz quisieron destruir la administración de justicia”, en fin, innumerables consignas que despiertan los sentimientos inculcados.

La cultura vigente pretende hacer tenazmente de cada hombre un “súbdito” pero dentro y para esa cultura, pensemos y analicemos, como diría a sus alumnos un buen pedagogo “hay que aprender a aprender”.

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