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miércoles 2 junio, 2010 a las 11:18 am

En la segunda, Santos da sopa y seco

Ni matemática ni políticamente es posible que una coalición (tocosan) ataje la aplanadora uribista de Juan Manuel Santos en su carrera a la presidencia en segunda vuelta, pues en política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire.
Lejos de haber sido una admirable jornada de participación y confianza en la democracia colombiana, los comicios transcurrieron en un ejemplar ambiente de libertad y concordia ciudadana dejando claras conclusiones de lo que es la política en este país.
Con una notable ventaja inicial, Santos se encamina a ser el próximo inquilino de la Casa de Nariño a partir del 7 de Agosto, cuando asuma el compromiso de gobernar en lo que su campaña ha llamado un “nuevo acuerdo de unidad nacional”, pero no sin antes haberle dado “sopa y seco” a Mockus y a los colombianos que soñaban con el cambio y estaban “mamados” con las políticas uribistas, pues el ex ministro conoce como nadie que en política hay que sanar los males, jamás vengarlos.
Mockus logró el cometido de llegar a segunda vuelta. Al fin y al cabo ese era el propósito inicial. Obtuvo más de tres millones de votos, en su mayoría de opinión, mientras en 2006 obtuvo cerca de 140.000. Con una escasa bancada legislativa aunque bien asesorado por figuras como Fajardo, Garzón, y Peñalosa, le será muy difícil con sus virtudes de honestidad y apego a la legalidad, cautivar los votos de los cuatro candidatos que quedaron en carrera, o conquistar el corazón de los millones de abstencionistas.
Las puertas de las alianzas están abiertas y lo más probable es que la mayoría de lo que quedó de los grandes derrotados como lo fueron los Partidos Liberal y Conservador terminen sufragando por Santos, pues los congresistas antiguos y nuevos no se ven por fuera de una coalición de gobierno, pues ya sufrieron por casi una década los avatares del asfalto burocrático y saben que la política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible.
Vargas Lleras, de origen liberal y quien hizo una brillante campaña con debates serios y buen acervo programático, nunca ha negado tener simpatías por el presidente Álvaro Uribe Vélez y todo el uribismo que hoy encarna Juan Manuel Santos, sería iluso para quienes están pensando que Mockus le diera un ataque de depresión y renunciara para darle paso a Vargas Lleras, pues este tiene más afinidad en el pensamiento con Santos con quien muy seguramente llegará a un acuerdo a sabiendas de que la política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas con buenos puestos.
Así las cosas a Mockus no le queda sino recibir abierto de “patas y manos” al Polo Democrático Alternativo de Petro, cuyos votos no le sumaran ni la mitad de lo que sacó el candidato de izquierda, pues hay sectores del partido amarillo que guardan recelo al brillante profesor por sus declaraciones ambiguas contra ellos. Por eso, en la política el arrepentimiento no existe. Uno se equivoca o acierta, pero no cabe el arrepentimiento.
Las encuestas de intención de voto realizadas antes de las elecciones presidenciales fueron otras de las grandes derrotadas de la jornada, ya que los resultados que vaticinaron se quedaron lejos de la realidad. Si bien el elevado número de sondeos publicados en las últimas semanas vaticinaban un empate técnico entre el oficialista Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, el primero aventajó por 25 puntos al candidato del Partido Verde, lo que hace que para la segunda vuelta serán leídas con desconfianza y poca credibilidad.
El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan. Los jóvenes, los primo-votantes también se rajaron por su baja participación en las urnas. Mucha bulla en las redes sociales pero siguen militando en el ejército de abstencionistas.
Mientras la política siga siendo el ejercicio de la inteligencia, Antanas Mockus tendrá un puesto privilegiado, aunque es muy difícil en este país, hacer compatibles la política y la moral. Pero por ahora, la realidad que se palpa en todo el territorio nacional es que Santos será el próximo presidente de los colombianos y yo no sé si será un buen estadista. Lo que es cierto es que la contienda electoral se gana con votos cuando de mandar se trata.
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