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Sábado, 3 de octubre de 2026
lunes 2 agosto, 2010 a las 11:49 am

En Defensa de la Fiesta Brava

Por: Luís A. Barrera M.

La Cataluña taurina ha pasado a la historia después de que su Parlamento aprobara recientemente la abolición de las corridas de toros en la región, un adiós a siglos de historia y arraigo en una comunidad que en otros tiempos fue cuna y referencia mundial de “La Fiesta» de los Toros”.

La recesión económica está afectando de forma importante a la fiesta taurina en todo el mundo, o mejor en los ocho países donde se lidian reses de casta incluyendo a Colombia. La crisis ha conseguido que en el último año los festejos taurinos se hayan reducido, hasta el punto que montar un espectáculo en cualquier plaza es una aventura económica que arroja grandes pérdidas, así como criar reses bravas.

Los enemigos de la tauromaquia se equivocan creyendo que la fiesta de los toros es un puro ejercicio de maldad en el que unas masas irracionales vuelcan un odio atávico contra la bestia.

En verdad, detrás de la fiesta, hay un culto amoroso y dedicado en el que el toro es el rey, el ganado de lidia existe porque existen las corridas y no al revés, si la fiesta desaparece, inevitablemente desaparecerán con ella todas las ganaderías de toros bravos, y estos en vez de llevar en adelante la bonancible vida vegetativa, deglutiendo yerbas en las dehesas y apartando a las moscas con el rabo que les desean los abolicionistas, pasarán a la simple inexistencia; y me atrevo a suponer que si se les dejara la elección entre ser un toro de lidia o no ser, como lo expuso en algún escrito Vargas Llosa, es muy posible que los espléndidos cuadrúpedos, emblema de la energía vital desde la civilización cretense, elegirían ser lo que son ahora en vez de ser nada.

Los que manifiestan su protesta contra las corridas diciendo que prefieren mejor ver muerto al torero que al toro, no se dan cuenta del tamaño de su incoherencia: ¿cómo pretenden tratar humanamente a los animales si tratan a la gente como animales?

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Pero como los principios se defienden con ideas, que bueno sería que quienes nos gustan los toros, somos aficionados a la tauromaquia animemos a quienes conocen el tema a fondo para promocionar campañas didácticas en defensa de la fiesta, promoviendo tertulias, diálogos, conferencias, videos y reuniones prácticas sobre lo que es la fiesta brava y su valor dentro de la idiosincrasia y cultura colombiana, para en esa forma combatir la vocinglería de los antitaurinos.

A quienes no les gusta, no deberían nunca ir a una plaza de toros, ni pasar por un potrero. Pero estoy seguro de que a la mayoría de los que protestan tanto, les vale huevo que niños se mueran de hambre, que haya cantidades de desplazados, desempleados caminando para arriba y abajo, tanto pordiosero e indigente en los semáforos,etc. y mantienen perros y gatos pagándoles guardería y hotel y no son capaces de pagarle educación a un niño de escasos recursos.

Otra cosa que no entienden es que nosotros, los taurinos o simple aficionados, admiramos y queremos al toro y es el único que tiene un chance para luchar por su vida, a diferencia del que nos comemos a diario, porque la lidia es como la gota fría, “…Me lleva él o me lo llevo yo, para que se acabe la vaina…”, es una lucha entre la inteligencia del hombre y la fuerza del toro.

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