En Colombia, la ineficacia en el servicio de salud y la corrupción rampante del sistema, un escándalo mayor
Por Alfonso J. Luna Geller
A pesar de que el sistema general de seguridad social en salud en Colombia ha sido un recurrente tema de análisis en espacios académicos, empresariales, gremiales y jurídicos, en los que se ha demostrado su ineficiencia e ineficacia, la situación sigue empeorando, al punto de colapsar casi en forma definitiva.
En Colombia, la salud mueve al año cerca de 38 billones de pesos, «monstruosa» cifra que proviene de los ciudadanos que pagan de antemano su propia atención, además de los copagos y cuotas moderadoras que les exigen (régimen contributivo), y de dineros públicos destinados a una supuesta atención para los más pobres (régimen subsidiado). Pero no existe control de esos dineros; se dejan en manos de unas compañías llamadas «empresas promotoras de salud – EPS», que son el origen de todas las desgracias y que aprovechan que “no hay gobernante que las meta en cintura, ni juez que, además de meterlos en cintura, los meta también en la cárcel”, como dice Juan Gossaín, quien además sostiene: “Lo que es peor, no hay ciudadanos que protesten seriamente en nombre de la salud colectiva. Al Presidente de la República, por su parte, se le llena la boca anunciando nuevas reformitas del sistema, engañosas pastillas de placebo, como si esa colcha de retazos aguantara un remiendo más”.
Lo cierto es que se está cocinando una coyuntura especial porque desde 1993, cuando la salud pasó de ser pública a privada, por primera vez todo el cuerpo médico, organizaciones sociales, periodísticas y académicas, hospitales y clínicas, algunos congresistas, y sobre todo, los pacientes, es decir, el pueblo en general, se han concientizado sobre la urgencia de una salida exitosa: la creación de un mecanismo único que recaude los recursos y pague las cuentas, bajo control del Estado, y no de los intermediarios particulares, que son la peor plaga. Un régimen de salud que sea único, universal y para todos. Que no excluya a nadie de ningún servicio en ningún hospital ni clínica. Que un solo carné sirva para que la gente no se muera en la puerta esperando que la atiendan.
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Frases que todavía no conmueven, menos al gobierno, ni a los responsables, porque al parecer saben qué terrenos pisan:
“El sistema colombiano de salud se reventó en pedazos. Resultó fallido. Hay que decirlo sin anestesia: el sistema colombiano de salud ha muerto. Lo mataron la corrupción, la politiquería y la codicia”: Juan Gossaín.
“El derecho a la salud es el más vulnerado del país porque suma el 14 por ciento del total de las tutelas que se interponen«: Gloria Stella Díaz, Representante a la Cámara.
“El 39 por ciento de los médicos sienten que las EPS violan su autonomía, y las negaciones de servicios de salud incluidos en el POS llegan hasta el 65,4 por ciento. Los problemas del sistema no se deben al presupuesto, que es más que suficiente, sino a una inadecuada administración de los recursos«: Vólmar Pérez, defensor del Pueblo.
“La crisis está sobrediagnosticada, pero que el Gobierno se ha negado a tomar todas las medidas para sacar a la salud del atolladero, por lo que en este país se muere más gente por culpa de la Ley 100 (de 1993, que creó el actual sistema) que por todas las violencias juntas… El verdadero Ministerio de Salud de este país es el cartel de las EPS«: Senador Jorge Enrique Robledo.
“Más del 50 por ciento del dinero que maneja el sistema se desvía al lucro privado… solamente entre las EPS del régimen contributivo SaludCoop -intervenida desde mayo del 2011- y Famisanar, el Estado ha tenido un detrimento patrimonial de más de 2 billones de pesos… Hay casos documentados de medicamentos que cuestan 10.000 pesos pero son recobrados por las EPS hasta por 8 millones de pesos, y esas utilidades son destinadas para pagar inversiones propias en otros sectores«: Contralora Sandra Morelli.
“Quién sabe cuántas víctimas más ni siquiera se toman el trabajo de protestar. Y ni hablemos de quienes mueren antes de tener tiempo de quejarse… La corrupción y su hermana siamesa, la politiquería, se aliaron con la voracidad económica de unas cuantas empresas privadas y con la podredumbre que campea en las oficinas públicas”: Juan Gossaín.
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“La paradoja más grande y más dolorosa es esta: nunca antes habíamos tenido tantos recursos para la salud de los colombianos, pero nunca antes el sistema de salud había estado en una situación financiera tan crítica. Lo primero que uno hace, pensando en los 38 billones de pesos, es comenzar a preguntarse: ¿por qué, con semejante chorro de plata, la gente tiene que levantarse a las 3 de la madrugada para conseguir una cita médica, y pasarse la vida poniendo tutelas para que la atiendan, si ese es su derecho y ese es su dinero? ¿Por qué clínicas y hospitales están en crisis? La respuesta es simple pero aterradora: porque no les pagan los servicios que prestan. Según un balance que tengo en mi poder, las empresas promotoras de salud, algunas compañías de seguros y el Gobierno Nacional, más municipios y departamentos, le deben al conjunto de instituciones hospitalarias una cantidad que se acerca a los 10 billones de pesos”: Juan Gossaín.
“Este no es un sistema de salud, sino de enfermedad, un sistema destruido… Los colombianos están más enfermos, las urgencias se mantienen colapsadas y los corruptos siguen siendo parte del sistema sin que los organismos de control hayan tomado acciones significativas. Tenemos que salir, junto a los usuarios, a exigirle al Gobierno que actúe”: Juan C. Giraldo, director de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC).
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