EL VIENTO ES TERSA PIEL O AZOTE


Loco-mbiano
El viento, esa brisa, ese ventarrón, zumbido o roce suave, resoplido con furia que sacude sin cuerpo, como un ciclón o torbellino con un millón de roscas en vórtice y sin freno. El viento tiene mil formas. Puede ser tierno vellón o aterrador tornado.
Los poetas lo llaman cierzo que arrulla y semeja la voz de una paloma en celo. Llega sin pisar, como un invitado invisible y serena el ánimo. Se asoma por la ventana sin correr la cortina y entra furtivamente para no causar pánico. Airea sala y alcobas, cocina y baños. Como una madre asea el recinto y llena de frescura pulmones y fosas nasales sin que nadie lo note. Cuando acaba su oficio sale en silencio sin dejar nota.
También el viento se pasea por calles de pueblos y de ciudades cuando el sol apenas pinta en el horizonte su semicircunferencia amarilla. Su presencia es saludable y prepara a quienes van al trabajo. Estos vientecillos entran a la piel y siembran la sensación de un masaje de agua tibia. En las tardes es un poco más fuerte y levanta el cabello. Hace que el cuerpo acuda a un rompevientos que cubra el torso y la espalda, pero es inofensivo, pese al nombre de la indumentaria.
Por las tardes, a veces, es fuerte y quiere resguardarse en casas y fábricas, en muelles y rascacielos. Al penetrar por rendijas y bajo los tejados hace un ruido que chilla y ruge. A los niños los atemoriza porque piensan que es un personaje malo. Puede venir acompañado de lluvia o tempestad fuerte. Se torna, entonces, sórdido e infunde miedo. Por sus latigazos en ventanas y sobre las paredes y por los truenos, relámpagos y rayos que le acompañan.
Hay vientos malignos que llegan sobre tejados, sobre las olas, sobre las corrientes de ríos y quebradas o sobrevienen de movimientos fuertes de tierra o de las nubes. No son amigables y parecen ogros sin entrañas, cortan vidas y dejan desastres, como los depredadores de montañas, hoyas y de parques naturales.
El viento es lo mismo que el aire que llega de lejos cansado y con las rodillas dobladas a arrodillarse junto a nosotros. Aparece al amanecer, lo sentimos luego acaballarse sobre árboles, palmas y pinos o jugar con la basura y papeles que encuentra sobre el pavimento. Los envuelve, los eleva entre remolinos y goza llevándolos hasta las alturas para luego dejarlos descender desordenados otra vez al piso.
El viento de la noche viene arropado con bufanda y saco largo. Es frío para que la gente se abrigue y vaya a la cama para darse calor y dormir profundos. A veces acompaña a los búhos con su zumbido y la noche se vuelve bruja que canta a dos voces. Es, entonces, propicia para que murciélagos y topos salgan de sus cuevas y descuelguen sus dedos de entre los árboles.




