EL SOCIALISMO DE LA INMUNDICIA


Junio 5 de 2014.- Siendo tan sucia, descuidada, desgüalengada, desordenada la zona céntrica de la cabecera municipal, que en nada tiene que envidiarle a las muy sucias y reales ciudades portuarias de Nueva York, Barranquilla y Buenaventura o Santander de Quilichao, ¿a son de qué los ciudadanos habitantes en los barrios y en las veredas tenemos que pagar el barrido y la limpieza de esas calles, de los desperdicios que por doquier pululan?
En sana lógica debería existir una tarifa diferencial ya que a Empiendamó le anima el deseo de asear el tradicional desaseo que identifica esas calles y sitios que acreditan la mugre en Piendamó.
Deberían ante todo los transportistas, vendedores, negocios, bodegas y demás correr con los gastos que ocasiona el muladar que los acompaña. Bastante tenemos ya, pagando el paseo millonario del negocio, nada despreciable de las basuras por las carreteras del Cauca, que nos cuesta mensualmente 3.700 pesos por residencia, cuando debería darnos ganancia.
Pero si hacemos la cuenta de 565 pesos por residencia en lo del aseo y limpieza, la suma no es despreciable. Y tanto más oneroso resulta ello cuando las calles, los lotes y las quebradas, cada día están peor.
También responsabilidad administrativa le corresponde al mismo municipio que no organiza las zonas públicas convertidas incesantemente en depósitos de basuras ya por la incompetencia de planeación para exigir el encerramiento de los lugares no construidos o a medio construir, ya por la incompetencia de las secretarías de gobierno y de tránsito para evitar la proliferación de talleres en la calle, de negocios a diestra y siniestra, o por el descuido de nuestras quebradas que los irresponsables convierten en cloacas miserables.
Y digo diferencial porque en los barrios, con muy contadas excepciones no falta la escoba de los vecinos, el cuidado de los jardines por pequeños y estrechos que sean. No es justo que mientras los ciudadanos se esmeran en invertir tiempo y utensilios para la limpieza, la fama de suciedad de Piendamó la carguemos todos.
Así que si los vecinos cuidan sus andenes, recogen sus basuras, asean sus frentes, no hay razón para que tengamos que subsidiar y pagar la proliferación de la inmundicia por parte de los empresarios y el desarrollo.
Cierto es que los niños en general contribuyen de manera ostensible con el basural de cuanto menjurje consumista les atraganta y que merecería una política drástica en las escuelas contra el reguero de empaques sobre confituras, colaciones que alimentan glotonamente sus lombrices.
Pero como siempre pasa el único socialismo que progresa es el de hacer que los de a pie, paguemos siempre los platos rotos.
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