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Viernes, 2 de octubre de 2026
viernes 6 junio, 2014 a las 7:12 pm

ARTE Y ESCÁNDALO

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Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia Q Especial para Proclama del Cauca
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Imagen tomada del video de internet (recortada)

El pintor Gustave Courbet pintó, en 1866, un cuadro que muestra el sexo abierto de una mujer. Hoy, a larga distancia en el tiempo, esa obra ya no escandaliza, al menos a los desprejuiciados que lo han visto todo; esa obra reposa en los salones del Museo d´Orsay de París bajo el título “El origen del mundo”, lo cual implica que los velos puritanos han cedido su moral al ojo público, mientras los días ya no se admiran de nada.

En tanto, hace pocos días, la hasta entonces desconocida artista Deborah de Robertis da ejemplo de su libre decisión; se sienta en el suelo ante el cuadro de Courbet, se alza la falda y muestra tranquilamente su sexo a los circunstantes, mientras se oye un repetido recitado: «Yo soy el origen, yo soy todas las mujeres. No me has visto, quiero que me reconozcas. Virgen como el agua creadora de esperma». Algunos guardias del museo tratan de disuadirla, mientras la mayoría de los asistentes aplauden el performance “Espejo de Origen” por ella montado. Deborah se hace noticia, su arrojo sensacionalista despliega borradores del rubor; quizá un escándalo menor en esta hora de precipicios alternativos para definir el arte en sus últimos intentos.

Cada quien es vergüenza para sí mismo en el ínterin de su conciencia; depende de cómo se miren las cosas; pero el tapujo no es hoja de parra para preservar la buena conciencia; más bien es disimulo perfecto de la hipocresía, un mal que nos aqueja a todos los hijos de Eva. Desde el paraíso nació el pudor, el rubor de toda moralina acusatoria; y desde allá el pensamiento no deja de hacer círculos viciosos acerca de lo “bueno” y lo “malo”.

Deborah ha realizado el gesto público de ritualizar el sexo femenino como la cosa más natural del mundo, una puerta donde comienzan los éxtasis o los insultos de los jueces. Su performance tiene el vigor de la frescura, quizás algún eco valiente del escándalo, o tal vez la sensación de llevarnos al cuestionamiento de nuestra antiquísima mirada moralista.

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