EL PROBLEMA DE LA PAZ EN EL CAUCA


Para el Gobierno Nacional es claro que el departamento del Cauca, es una de las zonas que demanda su mayor atención, por las múltiples incidencias que tiene en la implementación de la estrategia para el avance en la etapa de los acuerdos de paz y posterior a ellos.
Las diversas regiones y sus etnias, han soportado el embate de todas las violencias que ha padecido el país, sin embargo sus gentes con estoicismo y valor cívico han sabido superar y bien se puede decir, se han amoldado a formas de vida, en medio de las dificultades.
Para los caucanos el solo anuncio del inicio de los Diálogos de la Habana, creó un sentimiento de esperanza, que recorrió sus territorios como bálsamo para encantar los espíritus.
En la Asamblea Departamental inclusive se aprobó una proposición solicitando la inclusión del gobernador del Cauca, Temístocles Ortega, en la mesa de diálogos de la Habana, como forma de poder incluir en la negociación la problemática del Cauca, eran las épocas en las cuales, nuestro gobernante se perfilaba, como una figura nacional.
Sin embargo no puede la región presentarse a un escenario de tanta expectativa, con autoridades elegidas como producto de acuerdos distantes del interés general, sin la legitimidad necesaria para tener la vocería de los intereses de todos los caucanos.
El momento histórico, obliga una presencia participativa de los empresarios, de los comerciantes, de los agricultores, de los obreros, de los gremios, de las organizaciones sociales, de las amas de casa, de los maestros, de los estudiantes, de los transportadores, de los partidos políticos, todos con un serio compromiso de ciudad y de región.
A quienes ejercemos la actividad política, como parlamentarios, diputados, concejales, alcaldes y en especial el gobernador de los caucanos, a los medios de comunicación, obliga la reflexión, no es momento para pensar en los avales y en la componenda para establecer poderes amarrados, a fin de llegar al congreso o a las posiciones del Estado.
La paz, el escenario para el progreso de los habitantes; la seguridad indispensable para el crecimiento de la economía; con sus capitales generando puestos de trabajo, los campesinos, afros, mestizos e indígenas produciendo en los pueblos y en el mundo rural, no puede exponerse por el apoderamiento de los poderes locales.
Si hay una actitud, que ha sido nefasta, se diría que causante de los mayores males que aquejan el departamento, es la falta de compromiso con el mundo de las decisiones, si nos quedamos a la vera del camino, no se participa, no se opina, el silencio, la aceptación cómplice, la distancia, sirve de escondite para pasar agachados, sin el valor que requiere el ejercicio ciudadano.
Después, se pasa al comentario, a la queja en privado, y viene la desazón que envilece el espíritu, quitando el entusiasmo indispensable en la cultura de los pueblos para emprender con fuerza, con trabajo y dedicación la construcción del futuro.
Ciudadanos, usted lector que ha gastado cinco minutos en leer esta columna, confróntese usted mismo, NO SUSPIRE POR SU TIERRA, LUCHE POR ELLA, en ella vivirán las generaciones futuras, de nada servirá el conocimiento, de nada la plata, si aquí no construimos escenarios de paz, de equidad, de garantías ciudadanas.
Compartamos los caucanos dos pensamientos, uno de Jacinto Benavente: “Los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados”, y otro de Platón: “El precio de desentenderse de la política es el ser gobernados por los peores hombres”.




