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Martes, 6 de octubre de 2026

EL POETA EBRIO DE LA REVOLUCIÓN

Sérguio Esénin
Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Parece ser que cuando se mató Sérguio Esénin estaba apurado por tratar de conseguir tinta en el hotel Inglaterra de Leningrado, puesto que se cortó una vena sacándose sangre para hacer su epitafio, que debía decir:(…): “En esta vida, morir no es nada nuevo/ni es nada nuevo vivir”.

Estos versos para su lápida, ciertamente son dolorosos, al igual que su vida finalizada a los treinta como nuestro Silva, que lo suicidaron a la misma edad.

Esénin desde los nueve comenzó a pulir sus versos aprendidos de los juglares, que cantaban frente su casa. De chico abandonó el hogar para ir a trabajar de corrector de pruebas en una tipografía de Moscú. Luego y antes de la caída del Zar, marcharía a San Petersburgo, volviéndose en los círculos literarios de la ciudad el poeta de moda: borracho y escandaloso como exigía la tradición.

En los días de la insurrección Esénin conocerá a la bailarina californiana Isadora Duncan. La rubia bailarina, que en ese momento hacía otra revolución con los movimientos de su cuerpo desnudo espantando a los moralistas. Usaba transparentes velos rojos, del mismo color de la nueva bandera soviética del estado fundado por Lenin.

Sérguio Esénin
Sérguio Esénin

Una tela parecida al chal, con el cual tres años después de la muerte de esposo Esénin, la desnucó en Niza-Francia, cuando se le enredo en la rueda del coche deportivo de su nuevo amante. A la vedette e instructora de niñas proletarias en Moscú la acosaba la “Pava” (como se dice en Venezuela) o “Mala suerte contagiosa” al decir de Gabo. La llevaba pegada desde el incendió de su casa en Estados Unidos, y del ahogamiento de sus dos hijos en el río Sena.

Cuando Esénin se mató, el escritor y Nobel, Boris Pasternak, dijo: “La tierra rusa no había producido nada de mayor cepa, calidad, talento y fuerza creadora y entrañable. Esénin fue un alma viva y palpitante de artista”.

Y Vladimiro Maiakovski, contestó a sus últimos versos pesimistas, diciendo: “Debemos arrancar, /la alegría/a los días venideros. / En esta vida/morir es cosa fácil. /Hacer vida, /es mucho más difícil”. Para él, poeta de la revolución, la poesía era un instrumento de transformación social. Pero para Esénin, sólo un motivo para regresar al paraíso perdido de su infancia.

Esénin, el poeta ebrio ruso, subió y bajo todas los escalones de las tabernas rusas, y de otras ciudades europeas, mezclando toneles de cerveza con vodka. Otros dirían a su muerte, que los responsables de su suicidio, fueron los burócratas estalinistas del momento, los mismos, que diez años después, hicieron que el poeta Maiakovski de dos metros de estatura, también se suicidara.