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Sábado, 3 de octubre de 2026

EL PERIODISMO Y EL PODER

La comunidad del anillo
Omar Orlando Tovar Troches
Por: Omar Orlando Tovar Troches –[email protected]

Sí, es cierto. Ni el título ni el tema de estas líneas son nuevos, pero es necesario abordarlos una vez más, en la perspectiva de un posible escenario de reconciliación nacional y la importancia que tiene esta relación para transitar en la consecución del sueño postergado de la democracia en Colombia.

No cacarearé más sobre el mal llevado escándalo de “La Comunidad del Anillo” y otras perlitas de corrupción ya denunciadas al interior de la Policía Nacional. Lo que sí se intentará es constatar una vez más lo acertado de la sabiduría popular de nuestros mayores cuando afirmaban: “Así paga el diablo a quien bien le sirve”, para más señas, como muchos habrán podido adivinar, se trata de la salida por la puerta de atrás del grupo Ardila Lulle, de la comunicadora Vicky Dávila.

Partamos por una premisa idealista: el deber ser del periodismo o de la comunicación social es informar de manera independiente y veraz a la comunidad y ejercer el derecho de la veeduría del poder, con las únicas limitaciones del respeto por la verdad, la dignidad humana y una muy clara delimitación entre opinión e información. Eso es lo que se sabe y se supone.

Pero, ¿qué pasa cuando se pierden estos mínimos? El acabose, el caos, el triunfo de la injusticia y el arribo de la inequidad. Eso lo hemos venido evidenciando la gran mayoría de los colombianos. Para nadie es un secreto la cercanía excesiva que tienen los grandes grupos económicos, dueños de los grandes medios de comunicación nacional, con el poder político, no sólo aquí, sino en el mundo entero. Los grandes ricos quitan y ponen sus gerentes políticos y de alguna manera, nosotros los votantes ayudamos a desarrollar la estrategia de crecimiento y defensa de sus intereses.

En entrevista del equipo de la W Radio, la de Julio -“Nomecuelgue”- Sánchez, del pasado 22 de Febrero, el prestigioso periodista Daniel Coronell al comentar su entrevista publicada por la revista Semana de edición reciente, nos dio claridades acerca de la desgracia en que pueden caer todos los comunicadores que no trazan la línea divisoria entre el interés propio o los de sus patrones y el interés público, miremos.

En la entrevista de Semana, Coronell le pregunta a Dávila si su salida fue presionada desde el Palacio de Nariño, a lo cual la afectada contestó que sí, ya que en días anteriores al desenlace mediático del escándalo de la Policía, desde Palacio empezaron a presionar a los directivos del grupo Ardila Lulle, respecto a la actuación de Dávila (Ver http://www.semana.com/opinion/articulo/daniel-coronell-almendras-amargas-vicky-davila-habla-de-su-salida-de-la-fm/461229). Miren como los patrones de Vicky Dávila, sin reato alguno, sacan casi que a puntapiés a su periodista estrella, ahora caída en desgracia, sin tener en cuenta la defensa acérrima que la periodista hizo de los intereses del mesías del Ubérrimo y del grupo empresarial. Así paga el diablo…

Luego, el pasado Lunes, Coronell nos lanza la perlita sobre la presión ejercida al gobierno Santos desde la Casa Lulle (ver: http://www.wradio.com.co/escucha/archivo_de_audio/en-el-caso-de-vicky-davila-hace-falta-analisis-por-parte-de-la-sociedad-daniel-coronell/20160222) al afirmar que en días pasados el mismo Palomino se habría puesto en contacto con directivos del grupo, para recordarles de manera desinteresada, como quien no quiere la cosa, los buenos oficios y servicios que le ha prestado la Policía Nacional al grupo empresarial, al salvaguardar su emporio azucarero (ingenios y tierras) en el departamento del Cauca, así como su infraestructura de comunicaciones (R.C.N. televisión y radio). Se pregunta cualquier ciudadano preocupado: ¿la Policía Nacional está al servicio de todos y cada uno de los colombianos o está al servicio de los grupos empresariales? Así también paga el diablo…

Las entrevistas de Coronell siembran más dudas que claridades sobre la relación entre los poderosos y los comunicadores y lo que es más sobrecogedor, nos deja con el interrogante ¿hasta qué punto los grandes medios masivos de comunicación nos han vendido una realidad virtual hasta ahora? Ojalá en algún momento podamos afirmar con algo de esperanza, eso que dicen los mayores: “amanecerá y veremos”.

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