“El periodismo está en deuda con el país”:


William Parra, la voz que sobrevivió a la guerra y la persecución
El actual director del Sistema Informativo de RTVC habló en exclusiva con Proclama del Pacífico. Desde su caricaturización por Jaime Garzón como ‘William Garra’, pasando por su exilio y las heridas de guerra en Siria, hasta su crítica a las nuevas generaciones de periodistas que prefieren los ‘likes’ a la reportería.
William Parra es un periodista sobreviviente y un testigo incómodo de la historia reciente. Con más de tres décadas de trayectoria, hoy lidera los noticieros del canal del Estado bajo la dirección de Hollman Morris, orquestando la convergencia entre RTVC Noticias, Radio Nacional de Colombia y el ecosistema digital del Sistema de Medios Públicos.

Su carrera es una mezcla de experticia mediática y una resiliencia a prueba de balas. Fue secretario de Información y Prensa durante la presidencia de Ernesto Samper (1994-1998), pero su compromiso con la «otra Colombia» le costó caro. Parra ha sido víctima de secuestro, refugiado político en España y exiliado en Venezuela tras ser acusado de nexos con las FARC, un proceso que la Fiscalía precluyó al declararlo inocente por falta de evidencias.
La violencia ha marcado su cuerpo y su memoria. En 2005, sobrevivió a un atentado en Bogotá donde recibió ocho puñaladas, un ataque que él atribuye a fuerzas oficiales. Años más tarde, el 14 de septiembre de 2013, mientras cubría la guerra civil siria para TeleSur en la ciudad de Harasta, al norte de Damasco, fue herido gravemente en una pierna por un francotirador rebelde.
Pero William Parra también es cultura popular. Fue inmortalizado por el icónico Jaime Garzón, quien creó a «William Garra», un reportero satírico que denunciaba la corrupción y la guerra, convirtiéndose en una voz del sentir popular junto a personajes como Néstor Elí y Heriberto de la Calle.

En su paso por el Cauca, Parra sostuvo un diálogo franco con Alfonso Luna Geller, director de Proclama del Pacífico.
LA ENTREVISTA (Vea el video completo al final de esta nota)
Alfonso Luna Geller (Proclama): Después de todas esas cosas, como dicen, después de las gozosas vinieron las dolorosas. ¿Por qué ocurrió esto?
William Parra: Porque obviamente cuando el periodismo se vuelve incómodo para el poder, usted sabe que inmediatamente lo empiezan a perseguir. Esa es, desafortunadamente, la historia de los medios tradicionales y hegemónicos; ese sistema mediático que, cuando uno trata de llevar la voz de los territorios, simplemente lo ven a uno como un enemigo.
A uno le dicen: «Usted tiene que aprender a pensar como nosotros». Quieren cambiarle a uno el pensamiento. Y cuando uno no se arrodilla, termina perseguido y amenazado. Ahí hay dos caminos: o hacerse el héroe —recordando que el cementerio está lleno de héroes— o salir corriendo para salvar la vida, porque es más importante tener la vida para seguir dando la pelea.
Proclama: A pesar de eso, usted sufrió varios atentados, inclusive a bala. Usted resultó herido en uno de ellos…
W P: Bueno, sí tuve un atentado en Bogotá donde me querían matar. Justamente porque no respondí unas preguntas que me quería hacer la institucionalidad, no les colaboré. Me dijeron: «O usted está con ellos o con nosotros». Como decidí irme por el camino del periodista, asumieron que estaba «con ellos» y me jodieron; me dieron ocho puñaladas.
Después, cuando estuve cubriendo la guerra en Siria, allá sí me hirieron, pero esos fueron los de Al-Qaeda, los de ISIS, los de Daesh.
Proclama: Usted tuvo la oportunidad de hacer entrevistas que trascendieron en la historia, me hizo acordar de Oriana Fallaci entrevistando líderes en Medio Oriente, a Antonio José Caballero…
W P: Bueno, hay que guardar las proporciones, Oriana Fallaci es la maestra de nosotros. Pero casualmente, Antonio José Caballero fue mi mentor en RCN, mi profesor. A él le debo mi espíritu de reportero; él siempre estaba ahí con su grabadorcita.
La vida sí me ha dado la oportunidad de hacer entrevistas importantes en Medio Oriente, como a la gente de Hezbollah o al presidente sirio Bashar al-Assad. Fue bastante difícil, pero en un acto de generosidad, viendo que me habían herido allá, decidió atenderme. Me dio una entrevista de 45 minutos, una primicia muy complicada de conseguir en ese momento.
Proclama: A usted lo ayudó a ser famoso Jaime Garzón. Yo recuerdo a ‘William Garra’ y a ‘William Farra’…
W P: Cuando Jaime estaba haciendo esos personajes, me habló de tres. Uno era William Garra, que representaba la fuerza periodística, el meterse donde otros no se meten. Otro era William Farra, un personaje que aparentemente estaba borracho y trastocaba la información, pero decía la verdad. Y estaba William Narra, el deportivo.
Con William Farra me empezó a hacer daño porque la gente pensaba que yo era realmente un borracho. Jaime tuvo que llamar a Garzón y decirle: «No hermano, acabe con ese personaje». Lo acabaron y quedó solo William Garra.
Proclama: Vino una época en que a William Parra no lo volvimos a ver, hubo un bache…
W P: Fue la persecución dura. Tuve casi 10 años de persecución, estuve exiliado en Venezuela, con circular azul de Interpol. Tenía que estar guardado porque si daba «papaya», me capturaban. Yo trataba de demostrar mi inocencia, pero el establecimiento quería meterme a la cárcel para ponerme de ejemplo del periodista que termina preso por llevar la narrativa de la «otra Colombia», esas voces que los grandes medios no escuchan.
Después alcancé a estar un tiempo en TeleSur, luego trabajé ocho años en CM& hasta el año pasado, y ahí Hollman Morris me llamó para darme la oportunidad en RTVC, donde llevamos ya un año pasadito.
Proclama: ¿Cómo ha evolucionado el periodismo? ¿Somos los mismos de hace 30 años?
W P: Tristemente, compañero, hay que decir que el periodismo de hoy está en una gran deuda con este país. El periodismo de hace 30 años era otra clase. Hoy, el periodista busca reconocimiento, un like, un «me gusta». Todos quieren ser presentadores y salir en pantalla, pero no se preocupan por investigar o viajar.
Lo mejor del periodismo es ser reportero, estar en el territorio, conocer gente como ustedes. Pero a los nuevos periodistas no les gusta esto; piensan que eso ya no es periodismo.
Proclama: Yo también añoro la reportería y la calle, pero nos vamos adaptando a la inteligencia artificial. ¿Cómo le va con eso?
W P: No, yo soy «bruto natural», nada de inteligencia artificial. Es triste ver casos como el de El Espectador, donde tuvieron que reconocer que un periodista hacía todo con inteligencia artificial. Eso es parte del debate: al periodista ya solo le interesa figurar.
¿Quién quiere venir aquí? ¿Quién quiere ir a El Pital, al Amazonas, al Putumayo o al Caquetá? Nadie. Dicen que hay muchos zancudos. Esas historias se han perdido en los medios tradicionales. Por eso digo que tenemos una deuda con ese periodismo ético que nos enseñó Antonio José Caballero. Hoy se ha vuelto un periodismo militante y para joder al otro.
Proclama: William, bienvenido al Cauca, esta es su casa.
W P: Muchas gracias, querido compañero. Siempre es grato venir al Cauca, me encanta recorrerlo a pesar de las conflictividades. Para mí lo más importante es la reportería y así me quiero morir: siendo reportero.

El paso de William Parra por las cámaras de Proclama del Pacífico deja serias reflexiones sobre el estado actual del oficio. Su testimonio es un recordatorio de que el periodismo real se hace en el barro, en las regiones y a menudo, a contracorriente del poder establecido.
La historia de Parra evidencia que, en Colombia, narrar las realidades no oficiales tiene un precio alto, que va desde la estigmatización judicial hasta el atentado físico.
Su crítica a las nuevas generaciones es un llamado de atención sobre la pérdida de la esencia del reportero. La obsesión por la imagen y la inmediatez digital está borrando las historias de la Colombia profunda (Amazonas, Caquetá, Putumayo).
A pesar de las heridas y los exilios, la figura de William Parra se mantiene vigente en RTVC, demostrando que el periodismo de inmersión y compromiso social sigue siendo necesario para saldar la deuda histórica que los medios tienen con el país.




