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miércoles 8 julio, 2009 a las 4:04 pm
EL PERDÓN NO ES TAPA DE OLLA DE PRESIÓN

www.koinovacance.org/blog/?p=200

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
[email protected]

El ser humano aunque crece en sagacidad un centímetro todos los días, tiene una caparazón de cáscara de huevo que lo mantiene vulnerable toda la vida. Abre puertas sin pedir permiso, inventa artificios como un mago de pueblo, se abalanza sobre la comida como perro hambriento en coctel de grado y comete toda clase de imprudencias e indecencias porque es el único animal que tiene en su frente la etiqueta de “libre”. Ni las reglas ni la policía le sirven de freno a sus ansias de dominar y marcar con sus hechos su existencia sobre la tierra.

Me dolió presenciar la denuncia en “Séptimo Día” de la escena de sexo oral de un excompañero mío, sacerdote claretiano con un niño. Y el manejo inepto de la infausta noticia que sus carnales superiores expusieron ante la sociedad. Quisieron escapar con el cuento del escondrijo y el perdón.

Ya son demasiadas las quejas represadas que van saliendo a flote de la olla de los conventos y las capellanías. Los amores escondidos de un hombre consagrado con votos de castidad y pobreza con mujeres, los placeres del mundo mostrados en playas a mar abierto, la desfloración de niños con ocasión del ministerio, la exhibición de lujos en la vivienda, vehículos y fiestas. No hay diferencia entre lo que se oye de los curas de hoy y del hombre mundano y ordinario de la calle. ¿De qué sirve una vida encerrada, las meditaciones y la comunión diaria, la fe y el amor divino, la austeridad predicada y los retiros con cilicio?

Bastante se ha hablado y discutido sobre la necesidad de volver al celibato del comienzo del cristianismo que en algo mitigaría tanto escándalo de “faldas y sotanas”. ¿Para qué esconde un cura bajo la prenda negra o entre el cuellecillo blanco la vergüenza de ser hombre? ¿A qué razón divina se quiere seguir elevando a virtud el hecho de rechazar, como lo hizo Luis Gonzaga, a la mujer que era su madre? ¿A razón de qué tener encadenados en un cuarto oscuro la pasión y los instintos masculinos? Más vale un apóstata que se retira y rehace su vida en compañía fructífera que vivir tapando la verdad cruel con las manos mancilladas a la sombra del Sagrario y el rosario.

Bastante se han dado a conocer hechos nefandos por quienes fueron perjudicados y por fin las mujeres preñadas han salido a mostrar los hijos de carne y hueso de los hombres-curas en ejercicio. La sociedad y la mujer ya se han curado del velo que cubría la fementida santidad de quienes se ocultan del mundo tras las rejas de la religión y la sacristía.

Pocos sacerdotes y monjas han tenido el valor de dar paso al costado y liberarse del fardo de la culpa renunciando a los votos y a continuar violando sus instintos con perjuicio de la vocación de “salvar almas” y dar testimonio de entrega a causas nobles. Está haciendo falta que sicólogos y antropólogos puedan ingresar a esa vida extrema que es dedicarse a la oración, al sacrificio y al trabajo por los pobres como dieron ejemplo los primeros cristianos, para examinar lo que está minando esos cimientos.

“Si tu ojo te escandaliza, córtalo, si tu mano te escandaliza, córtala”, son palabras escritas con valentía en las Escrituras. Es el llamado más sensato a quienes están allá, adentro, comulgando de rodillas y con la pasión ardiendo entre la zarza.

06-07-09 – 9:38 a.m.

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