El Papa Francisco o Don Francisco


El Vaticano ya no es el mismo de la época de los Borgias, ni de la época de silencio frente al fascismo, ni el de las bendiciones a Pinochet.
El Papa Francisco es el Papa de la época del neoliberalismo, el Papa que ha propalado un golpe certero a la razón técnica, a la lógica dominante de la rapiña y el pillaje, que en el escenario de los desastres depredadores de las multinacionales y el despojo de los recursos naturales nos habla de construir una eco democracia que impida el exterminio de la especie humana.
En su encíclica sobre clima y medio ambiente el pontífice ha exhortado a los gobernantes y agentes del capitalismo global a repensar la globalización neoliberal, autora inequívoca de la expansión trágica de la guerra, la degollina de la paz social, la defunción de los valores de la convivencia, la supresión de las oportunidades para los pobres, la erradicación de la fraternidad social y el asesinato de la naturaleza en aras de la acumulación del gran capital.
El conductor de la Iglesia católica le da otra entonación ecológica a la mentalidad de las agencias internacionales que pretenden ocultar el desastre y la devastación del universo, no por el hombre sino por un sistema de producción que ha instrumentalizado a los seres humanos para convertirlos en dispositivos y máquinas humanas consumidoras de felicidad, con código de barras para leer el precio de las mercancías del bienestar.
La altísima tasa de destrucción criminal de los ecosistemas y la consecuente extinción de los miles de especies animales y vegetales no significan un problema para los emporios económicos mundiales ni una barrera moral que les impida reducir la catástrofe.
De alguna manera los seres vivos hemos sido identificados como mercancías que consumen otras mercancías por los taxonomistas del mercado, con precios visibles o invisibles en el mercado de los asalariados, productores o consumidores.
La absolución de los creyentes, que todavía creían en el pecado cuando existía en el catecismo el cielo y el infierno y el peaje del purgatorio, ya no depende hoy de la cultura calvinista, cuando la fortuna y la riqueza eran consideradas como una gracia divina concedida por Dios.

A los serios cuestionamientos de los científicos sociales se suma la palabra del Papa Francisco sobre la naturaleza política de nuestra sociedad: “La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha. ¿No ha sido esa verdad la que han pretendido los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que imponía su propia concepción global para aplastar la historia concreta del individuo?”.
Su posición política, de enorme contenido moral, nos remite a Hannah Arendt, en cuyas reflexiones el poder, la violencia, el dominio, el trabajo y hasta la privacidad sucumben bajo los totalitarismos, que se desplazaron, tácticamente, del Estado a las corporaciones globales para encubrir distintas formas de explotación y fascismo.
Algo “está pasando en nuestra casa” dice el Papa, nuestra única casa, “mediante formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras”.
Que nuestros pueblos entiendan que el camino de la globalización económica no proporciona defensas sociales para los excluidos, que en las actuales condiciones de sumisión política el bienestar de los países capitalistas desarrollados depende del aplastamiento de los países dependientes.
Palabras sabias: “Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura”, y agrega su rechazo al modelo económico imperante, que tanto deleita a los conservadores de misa dominical y liberales de estandarte sema santero, cuando dice:
“Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado”.
Nos enseña el Papa que el capitalismo desbocado posee las jugadas perfectas para esconder la autoría destructora de la biodiversidad, la pérdida sistemática de calidad de vida, la perversa forma de implantar la injusticia en el planeta, con la complacencia y complicidad de los gobernantes que agencian políticamente las desigualdades sociales.
Y mientras la voz ecuménica del Papa es motivo en los centros académicos de reflexiones en torno a la globalización de la miseria, lo doctrinarios del neoliberalismo han condenado al Santo Padre a las tinieblas exteriores, como si fuera un infiltrado comunista en la Iglesia de Cristo.
Entre tanto la clase política caucana y payanés permanece en silencio, quizá porque el único Francisco que los conmueve es el de Univisión, dueño del show de “Sábados Gigantes” o “Sábado Gigante”, el cómico chileno Mario Kreutzberger. Hasta pronto.



