Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Martes:
Popayán 1 y 2
Cali 1 y 2
Lunes, 5 de octubre de 2026

El país que despierta también tiene raíz

El país que despierta también tiene raíz

El país que despierta también tiene raíz

Stella Ramírez Granobles
Stella Ramírez Granobles

La política, cuando es verdadera, no se construye únicamente en los salones del poder.

Se construye en los caminos de tierra, en las mingas, en las marchas, en los territorios donde la dignidad se defiende, incluso cuando cuesta la vida.

Por eso no es un hecho menor que el candidato presidencial Iván Cepeda Castro haya anunciado como fórmula vicepresidencial a la senadora indígena Aída Quilcué Vivas.

No es solo una decisión electoral.

Es un mensaje político.

Aida Quilcué no proviene de los círculos tradicionales de poder.

Viene de las montañas del Cauca, del corazón del pueblo Nasa, de una historia de lucha marcada por la defensa del territorio, la vida y la dignidad de los pueblos indígenas. Su trayectoria no se escribió en oficinas con aire acondicionado, sino en la organización comunitaria, en las mingas y en los procesos de resistencia que durante décadas han sostenido los pueblos originarios de Colombia.

Durante años, las comunidades indígenas han sido tratadas como un actor marginal en la política nacional. Se les escucha en discursos conmemorativos, pero rara vez se les permite participar en las decisiones del poder real.

La fórmula Cepeda–Quilcué rompe, al menos simbólicamente, con esa lógica.

Representa el encuentro entre la lucha por los derechos humanos, que ha marcado la trayectoria de Cepeda, y la defensa histórica del territorio y la autonomía de los pueblos indígenas que encarna Aida Quilcué.

Pero también representa algo más profundo: el reconocimiento de que la democracia colombiana necesita escuchar a quienes durante siglos han sido silenciados.

En un país atravesado por la violencia política, por la exclusión social y por una élite acostumbrada a repartirse el poder entre los mismos apellidos, la irrupción de liderazgos provenientes de los territorios es un recordatorio incómodo para quienes creen que la política es un club privado.

Colombia está cambiando.

No sin resistencia.

No sin ataques.

No sin intentos de sabotaje desde los mismos sectores que durante décadas administraron el poder como si fuera una herencia familiar.

Pero está cambiando.

Que una mujer indígena llegue a ser fórmula vicepresidencial no es un gesto de folclor político.

Es el resultado de décadas de lucha colectiva de los pueblos que nunca renunciaron a su derecho a existir con dignidad.

Tal vez por eso este momento tiene algo de histórico.

Porque cuando los pueblos que siempre estuvieron en los márgenes empiezan a ocupar el centro de la política, el país deja de ser una finca privada y comienza, por fin, a parecerse un poco más a una democracia.


Otras publicaciones de Stella Ramirez G. en Proclama del Pacífico:

Stella Ramirez Granobles

Articulos relacionados

martes 29 septiembre, 2026 a las 7:16 pm

¿DE QUÉ SE QUEJAN?

lunes 21 septiembre, 2026 a las 4:21 pm

LOS AHORROS DE LOS COLOMBIANOS…

miércoles 16 septiembre, 2026 a las 11:38 am

¿DE VUELTA AL PASADO?