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Lunes, 12 de octubre de 2026

El Pacífico entre la selva y el verbo

El Pacífico entre la selva y el verbo 1

El Pacífico entre la selva y el verbo

Alfonso Luna Geller

Mañana –hoy- es el Día de la Tierra (22 de abril) y el miércoles, el Día del Idioma Español (23 de abril).

En el Pacífico colombiano, donde la selva besa el océano y los ríos serpentean como venas de la tierra, la conexión entre el lenguaje que hablamos y el entorno que habitamos es profunda, visceral.

Aquí, donde el español se enreda con voces africanas e indígenas, la defensa del territorio y la palabra son dos caras de una misma moneda.

En la diversidad dialectal de esta región, se preserva una cosmovisión única, una manera particular de entender y nombrar el mundo que nos rodea.

Por eso, el español que hablamos es un crisol de cadencias, un mosaico de acentos que resuenan al mismo ritmo de tambores y marimbas ancestrales y al del rumor de las olas.

Defendemos el idioma, no como una pieza de museo, sino como un territorio vivo. El español que se habla en los esteros y en las veredas está mezclado con el namtrik, con el nasa yuwe, con el palenquero, con el criollo, con la memoria de los ancestros.

Es lenguaje que reconcilia, que nombra sin herir, que narra sin ocultar. Por eso, defender la Tierra es también defender las palabras con que la describimos. Cuidar el idioma es, en nuestra región, una forma de cuidar el territorio.

Palabras como «manglar», «estero», «piangua» y «chontaduro» (fruto de la vida), son la esencia misma de nuestro paisaje, la huella lingüística de una relación íntima con la naturaleza. «Chigualo» (canto para despedir a los muertos) o «arrebol» (el rojo del atardecer sobre el mar), «Ñambí» (hormiga arriera) o «alabaos» (cantos que sanan) son ventanas a una cosmovisión.

“La mata está paría”, se dice cuando la tierra ofrece alimento. “El cielo está encapotao” no es una descripción climática, es una advertencia de quien aprendió a leer el cielo.

Cada palabra del Pacífico lleva una semilla: hay términos que no caben en diccionarios, pero que fundan el mundo.

En consecuencia, los autores del Pacífico colombiano han sido faros que iluminan esta conexión. Sus obras literarias y periodísticas han sido testimonio elocuente de la belleza exuberante y de las fragilidades de nuestro entorno.

Desde las narrativas orales que evocan la sabiduría ancestral hasta las novelas que exploran la compleja relación entre el ser humano y la selva, pasando por el periodismo investigativo que denuncia la depredación, sus voces enriquecen el panorama literario nacional con una perspectiva única.

Desde esta orilla del país han hablado con potencia voces que han narrado el río y la selva, la pobreza y la esperanza. Helcías Martán Góngora le escribió al “Canto del río Guapi”. Mary Grueso bordó la infancia negra en versos llenos de dulzura y despojo.

Recordemos a Alfredo Vanin Romero, cuyas letras nos transportan a la magia de Guapi; a Arnoldo Palacios Mosquera, cuya obra inmortalizó las luchas y la riqueza cultural del Chocó; a Óscar Collazos, desde Bahía Solano, quien nos enseñó que contar historias es también denunciar injusticias.

También en Quibdó, Velia Vidal demuestra que la literatura puede ser acción. Su proyecto editorial Motete no solo publica libros; siembra árboles. Cada ejemplar vendido es un acto de fe en el futuro.

Sus obras son mapas de identidad, territorios simbólicos que nos recuerdan de dónde venimos y por qué vale la pena seguir escribiendo. Porque el Pacífico no solo produce cacao, madera o pesca. Produce cultura, memoria, pensamiento. Y eso también es desarrollo.

Hoy, escritores como Juan Carlos Pino, Marco Antonio Valencia Calle, Felipe Solarte Nates, Felipe García Quintero, siguen tejiendo esta tradición. Sus obras, llenas de ríos y personajes que luchan por no ser olvidados, son mapas del territorio.

Sus contribuciones, junto a las de muchos otros escritores del Pacífico, han logrado visibilizar la realidad afrocolombiana, valorar la oralidad como fuente de conocimiento, abordar la multiculturalidad que nos define, reflexionar sobre las heridas de la violencia y, de manera fundamental, exaltar la naturaleza que nos rodea.

En este Día de la Tierra y en la celebración de nuestro idioma, Proclama del Pacífico reafirma su compromiso de seguir siendo un altavoz para estas voces, un medio que conecta las luchas ambientales con la riqueza cultural de nuestra región.

Seguiremos insistiendo en la exaltación de nuestros autores, porque en sus palabras reside la fuerza para comprender nuestro presente y construir un futuro donde la palabra y la tierra florezcan juntas.

Proclama del Pacífico no puede ser ajena a esa unidad profunda entre territorio y habla. Lo que está en juego no es solo el futuro ambiental de la región, sino también las formas de contarlo. Desde nuestras montañas y costas, comunidades enteras se organizan para defender lo que no se hereda con títulos, sino con dignidad: la tierra como madre y la lengua como abrigo.

¡Esta es la lista, pero no está completa sin ustedes!

Para conmemorar este vínculo esencial entre nuestro territorio y la voz que lo nombra, queremos construir juntos un homenaje colectivo a las figuras literarias que han sabido plasmar la riqueza natural y cultural de nuestro Pacífico colombiano. Los invitamos a sumergirse en este listado inicial de autores, a comentar sus obras predilectas, a complementar con aquellos nombres que merecen ser recordados y a compartir sus reflexiones sobre cómo la palabra escrita ha dado vida a la exuberancia de nuestra tierra y a la fuerza de nuestra gente. ¡Construyamos entre todos un tributo vibrante a quienes han cantado y contado nuestro Pacífico!

Aquí está nuestra primera versión —una semilla que espera crecer con sus aportes—:

PACÍFICO NARIÑENSE

  1. Carlos Vásquez-Zawadzki (Tumaco. 1946)
  2. Félix Domingo Cabezas Prado (Barbacoas)
  3. Guillermo Payán Archer (Tumaco,1921- Riohacha,1993)
  4. Ligia Vonblon (Tumaco,1928)
  5. Moro Manzi (Tumaco, 1.945)
  6. Óscar Seidel Morales (Tumaco, 1.952)
  7. Faustino Arias Reinel (Barbacoas, 1910-1985)
  8. Flover González Cortés (El Charco, 1953)

PACÍFICO CAUCANO

  1. Baudilio Revelo Hurtado (Guapi, 1942 – Cali 2025)
  2. Hernando Revelo Hurtado (Guapi)
  3. Sofonías Yacup Caicedo (Guapi, 1895​-Santiago de Cali, 10 de mayo de 1947)
  4. Enrique Cabezas Rher (Guapi, 1942)
  5. Lucrecia Panchano (Guapi, 1940)
  6. Víctor Paz Otero
  7. Víctor Rivera
  8. Hilda Pardo

PACÍFICO VALLECAUCANO

  1. Medardo Arias Satizabal (Buenaventura,1955)
  2. María Teresa Ramírez Neiva (Corinto – Buenaventura, 1944)
  3. Sonia Nadhezda Truque (Buenaventura – 1953)
  4. Fabio Martínez  (Cali – 1955)

PACÍFICO CHOCOANO

  1. Amalia Lú Posso (Quibdó, 1947)
  2. Carlos Arturo Truque (Condoto,1947 – Buenaventura,1970)
  3. César Enrique Rivas Lara (Riosucio, 1946)

Cada nombre que agreguemos será un homenaje doble: a la tierra que los inspiró y al idioma que los hizo eternos.


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Alfonso J Luna Geller
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