EL MUSEO RAYO ABRE SUS ALAS AL MUNDO


Loco-mbiano

…
Abre las alas
entenebradas
que te envuelven,
desplégalas
y revela
su diseño secreto.
Elévate, elegante
como un parapente
sobre tu tierra verde,
estira los zancos
y planea.
…
Águeda Pizarro. De su poema Ofrenda en el libro Euridiciente.
Por 33 años continuos y sin interrupción, el Museo Rayo de Roldanillo, Valle, sigue abriendo sus octagonales puertas al arte.
Cuando Omar Rayo y Águeda Pizarro en 1982 inauguraron el colosal edificio diseñado por el maestro mexicano Leopoldo Gutt, fue como haber llamado al genio de las Artes a esta población privilegiada custodiada por montes, vientos, nubes, cielo azul y arcoiris.
Inicialmente presentaron el joven idealista Omar y su amor inspirador Águeda, las obras que irían dando la vuelta al mundo de caricaturas, del bejuquismo y la creación de intaglios que apenas se nombraban. Llegaron luego pintores y grabadores invitados a habitar para siempre en este templo en el pequeño Olimpo que visionaron sus fundadores. Rayo lo evocó siempre como una Roldayor en una región solitaria, sin antecedente alguno. Una mezcla de amor por su tierra y una explosión de vida al calor de la sangre, los colores del sol y la ilusión del triunfo fueron los ingredientes de la poción fundadora.
Vino luego la mano y dulzura de la mujer a tocar la lira. Águeda convocó, recién inaugurado el Museo, al Primer Encuentro de Mujeres Colombianas que cultivaran esa flor esquiva que es la poesía. Acudieron, como por ensalmo, féminas venidas de cerca y lejos, con sus folios, trenzas y utopías. Negras, indígenas, jóvenes y expertas, letradas y ágrafas. Cada cual llegó con su canto, a media lengua o con versos de estricta factura.
Encarnación, quien terminaba sus poemas orales como las películas con la palabra fin, al lado de Meira Delmar o Mariela del Nilo, Matilde Espinosa y Gloria Cepeda fueron pasando por la rotonda octogonal del Museo. Una estela de miles de poetas niñas y de edad madura, unas con paso incierto y otras con voz fulgurante y escritura sólida han ido llenando las páginas de la historia de 33 Encuentros.
El Museo Rayo nació grande y ahora es gigante. Su gestor y prolífico pintor clavó su Rayo a la entrada hace ya dos años y medio y su hada reluciente y de pluma multicromática nunca cesaron de convocar a divas y dioses, a artesanos en ciernes y artistas consumados. El arte siempre tendrá un principio y Roldanillo se convirtió en escuela y cantera. Allí se aprende, se cincela, se esculpe, se lima, se rasgan cuartillas y se delinea con finura.
En Roldanillo se han congregado artistas famosos y han dejado sus cuadros en exposición permanente mujeres y hombres de Colombia, Suramérica y otros continentes. Allí se ha escuchado a poetas que llegaron sin nombre y hoy llenan salas y la Academia y vuelan como invitadas, por sus excesos méritos. Al Concurso Nacional anual de Poesía Ediciones Embalaje del Museo Rayo se inscriben más de 20 candidatas y las ganadoras reciben como premio la edición gratuita de su obra, más el aplauso en la sesión especial del Encuentro.
A Águeda, como nueva Eurídice, parece que nada le cuesta ir hasta el hades en busca de su Oh-mar sobre el que recuesta su lira y su fuerza. El Museo Rayo este año muestra una talla extracontinental. Vientos y estampas, cuerdas y melodías llegan de la India, Japón y China. Inseparables estarán videos, carteles, origamis al lado de intaglios y Rayos.
En el teatro al aire libre del Museo sonará la música de la Corte Imperial Japonesa el viernes 17 de enero y el sábado 18 será la Apertura de Exposiciones, Acto central de Aniversario XXXIII del Museo. Las actividades ya iniciaron con el Taller de Escritura poética con la poeta laureada Marga López Díaz y el Taller de Origami con la dirección de la Asociación Colombo-Japonesa. Loas y congratulaciones al Museo Rayo y sus Directivas que abren el año con pinturas, papel doblado, con música y rayos.
12-01-14 10:44 a.m.



