El mototaxismo como carnada electoral



Abelardo De la Espriella ha prometido reducir el costo del SOAT y bajar el precio de la gasolina para los mototaxistas.
A primera vista, parece un gesto solidario con quienes viven del rebusque; pero, en realidad, es una jugada populista cuidadosamente calculada.
El mototaxismo no es solo una actividad informal: es el reflejo de un Estado que abandonó a millones de trabajadores que hoy sobreviven sobre dos ruedas, sin seguridad social, sin ingresos estables y bajo el riesgo constante de la persecución policial.
Prometerles legalidad sin una reforma estructural al transporte público y sin alternativas laborales reales es vender humo político.
Hablar de “ayudarlos” bajando el SOAT o la gasolina ignora que esos precios no se definen por voluntad política individual, sino por políticas macroeconómicas, subsidios cruzados y normativas de tránsito nacionales. Lo que se presenta como “alivio” es, en el fondo, una mentira electoral envuelta en compasión.
Recordemos que ya vivimos el populismo de la gasolina con Iván Duque, cuando decidió dejar de pagarle al Fondo de Estabilización de Precios.
Aquella decisión irresponsable generó una deuda billonaria que su gobierno no saldó, y fue este gobierno el que tuvo que asumir la impopular tarea de subir los precios para tapar el hueco de 65 billones, que dejó la corrupción y la demagogia de Duque.
Ojalá los mototaxistas no caigan en las falacias de quien un día hizo de la pobreza mofa y espectáculo, y hoy pretende convertirla en bandera electoral.
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