El miedo como estrategia política


- La inflación y el desempleo no se explican por el salario, sino por concentración, tasas de interés y márgenes de ganancia.
- El salario mínimo es una herramienta de distribución, no una anomalía económica.

La oposición política y los grandes gremios económicos han desplegado una campaña de intimidación psicológica contra la ciudadanía. Utilizan el miedo financiero como arma de contención social. Pronostican colapsos apocalípticos, desempleo masivo e inflación desbordada ante cualquier intento de dignificar el ingreso de los trabajadores.
Esa narrativa carece de sustento técnico. Representa una defensa ideológica de privilegios corporativos disfrazada de advertencia técnica.
La Universidad Nacional de Colombia desmanteló estos mitos con evidencia empírica. Los profesores Hernando Matallana y Álvaro Martín Moreno, de la Facultad de Ciencias Económicas, publicaron una investigación concluyente.
Sus hallazgos demuestran la falsedad de los dogmas repetidos en el discurso dominante y ofrecen una lectura estructural del funcionamiento de la economía colombiana.
El salario digno activa la economía
El estudio académico confirma una premisa fundamental de la teoría keynesiana: el empleo depende del gasto de los hogares. Un aumento real del salario mínimo inyecta liquidez directa al consumo. Las familias con mayor poder adquisitivo compran más bienes y servicios. Esta demanda obliga a las empresas a aumentar su producción y ventas. El círculo virtuoso termina en la creación de nuevos puestos de trabajo.
Los datos históricos de Colombia respaldan esta tesis. Existe una relación inversa entre salario y desempleo: los periodos de mejora en el salario real coinciden con reducciones en la tasa de desempleo. La realidad contradice los libros de texto obsoletos que recitan los analistas mediáticos.
La inflación tiene otros responsables
Culpar al trabajador de la inflación encubre las verdaderas causas del alza de precios. El costo de vida responde a la estructura de mercados concentrados. Los monopolios y oligopolios tienen el poder de fijar precios para proteger sus márgenes de ganancia (mark-up).
La inflación depende también de la productividad, las tasas de interés y los costos financieros. El salario nominal es apenas un componente menor en la estructura de costos de las grandes empresas. Los empresarios trasladan sus ineficiencias o sus ambiciones de rentabilidad al precio final y culpan de ello al sueldo de sus empleados.
Patrañas ideológicas
Las advertencias públicas de algunos sectores del Banco de la República y de centros de pensamiento han adoptado un tono más moral que técnico. Se anuncian alzas de tasas de interés y escenarios de crisis como respuestas anticipadas a incrementos salariales que aún no se materializan. Esta forma de intervención contribuye a instalar miedo en la opinión pública y a presionar decisiones de política económica en una sola dirección.
El debate sobre el salario mínimo exige mayor honestidad intelectual. La economía no funciona a partir de dogmas inmutables ni de manuales repetidos. Funciona en contextos históricos concretos, atravesados por relaciones de poder, concentración económica y decisiones políticas. Negar esta complejidad empobrece la deliberación democrática, que es lo que no quieren entender los de la extrema derecha.
El argumento empresarial sobre la destrucción de empleo ignora la lógica sistémica del capitalismo. Los trabajadores gastan lo que ganan. Cada peso de aumento salarial regresa a las cajas registradoras de las empresas a través del consumo. Negar el aumento salarial asfixia la demanda interna y estanca la economía.
Colombia requiere decisiones basadas en evidencia científica rigurosa.
El aumento del salario mínimo no es una amenaza para la economía. Es una herramienta de redistribución que fortalece el consumo, dinamiza la demanda interna y contribuye a reducir la pobreza. Su efectividad depende de políticas complementarias: control de abusos de mercado, fortalecimiento de la competencia, vigilancia de precios y una estrategia seria de productividad.
El pánico inducido por los medios masivos al servicio de la hegemonía económica busca mantener la desigualdad. La academia ya dictó sentencia: subir el salario es económicamente viable y socialmente necesario.
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