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Domingo, 4 de octubre de 2026

EL INSTIGADOR URIBE

ALVARO URIBE

CREPITACIONES 2015

Buscando en la vigésima tercera edición de mi Diccionario de la lengua española, un adjetivo que fuera apropiado y que describiera muy bien, con todo el respeto del caso, lo que representa hoy en día el ex presidente Álvaro Uribe y sus protagonismos en relación con su autoría intelectual de la debacle y el mal momento que estamos pasando los colombianos desde el pasado domingo 2 de octubre del presente año, cuando esperábamos olvidar “esa horrible noche” y disfrutar al fin “un nuevo amanecer”, encontré la palabra INSTIGADOR, con el significado “que instiga”, el cual nos lleva al verbo instigar, que significa “inducir a alguien a una acción, considerada generalmente como negativa. Ejemplo: instigaron al pueblo a pedir la dimisión del alcalde. Tramar o preparar con astucia algo. Ejemplo: una campaña de prensa instigó la “caída del gobierno”.

Nótese que los ejemplos del mencionado diccionario, hubiesen sido escritos como premonitorios de lo que pasó realmente ese domingo aciago y triste para la democracia colombiana. Ejemplo uno: Uribe y sus áulicos instigaron al pueblo a pedir la no aceptación de los acuerdos de La Habana, quitándonos ese sueño y anhelo de vivir en paz, reafirmando así su ego y protagonismo. Ejemplo dos: la campaña del NO, instigó la caída del mayor anhelo de los colombianos en toda su historia y quedamos ante el mundo con una vergüenza y una incapacidad aterradora para salir adelante y lograr el fin del conflicto eterno y la construcción de una paz merecida. Incluso un periodista y escritor británico, John Carlin, manifestó en una columna titulada: “Lo mejor y lo peor de la humanidad” que escribió en El País de España lo siguiente. “En Colombia convive gente de inusual nobleza e inteligencia con cínicos y manipuladores como Álvaro Uribe”.

Esa manipulación y ese carácter cínico se demostró con las declaraciones del propio gerente de la campaña del NO del Centro Democrático, señor Juan Carlos Vélez, en una entrevista publicada por el diario La República, donde muestra las estrategias perversas y soterradas para ganar el plebiscito “basadas en mensajes de indignación compartidos especialmente en redes sociales y pensados para cada estrato social”. Así por ejemplo, en los estratos medios y altos, esos mensajes se basaban en la no impunidad y en la reforma tributaria. En los estratos bajos, en los subsidios. En la Costa, se referían a que se iban a convertir en otra Venezuela. En el Cauca, en la noche del sábado anterior al plebiscito, se referían a las víctimas, y así por el estilo. Y todo esto sin comentar las confabulaciones entre Uribe y las iglesias cristianas y evangélicas.

Ahora que escribo esto, me pongo a pensar en la maligna capacidad de Uribe, sus acompañantes y sus estrategias mediáticas, para convencer a los 6.431.376 colombianos que votaron por el NO, como si estuviesen hipnotizados y somnolientos, haciéndole caso al gran instigador, quien en medio de su ego al cuadrado, solamente quería tomar revancha de su anterior adversario, ganar protagonismo y erigirse otra vez como el Gran Mesías, quien envió a Colombia al reino de la incertidumbre, del miedo, del temor y de la vergüenza mundial.

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