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Domingo, 11 de octubre de 2026
sábado 12 mayo, 2012 a las 4:54 pm

EL GUANO, UN ANTECEDENTE EN LA HAYA

JOSE LOPEZ HURTADO*
Terminaron las audiencias orales en la Corte Internacional de La Haya, en la disputa limítrofe que sostienen Colombia y Nicaragua sobre seis cayos y 50.000 Kms2 de mar del archipiélago de San Andrés y Providencia, paraísos naturales por excelencia en el mar Caribe.

Gran parte de la disputa parece haberse zanjado ya en forma definitiva por el alto tribunal cuando en 2007 señaló que: “Nicaragua reconoce la soberanía y pleno dominio de Colombia sobre las Islas de San Andrés, Providencia , Santa Catalina y todas las demás islas, islotes y cayos que hacen parte de dicho archipiélago de San Andrés”.

Lo contrario habría sido un golpe mortal a la soberanía de Colombia y habría tocado una de las fibras más sensibles del espíritu nacional, en tratándose particularmente de las islas de San Andrés y su entorno, declarado en 2000 por la Unesco como un “lugar de reserva de la biósfera”, y por lo tanto, libre de toda vulneración de explotación comercial, lo que no ha sido respetado por Nicaragua que de manera subrepticia – no tan evidente como cuando en febrero de 1980, la Junta de Reconstrucción Nacional en un hecho sin precedentes declaró la invalidez del Tratado Esguerra-Bárcenas de 1928, por el cual se fijaron los límites marítimos de ambos países -, ha intentado abrir licitaciones para la explotación de hidrocarburos en aguas territoriales colombianas.

Desde el inicio de la disputa el tema ha estado enmarcado dentro de los más disímiles móviles y justificaciones. Un tenso clima diplomático, ofensas verbales, cantos de guerra, no sólo de ahora, sino de siempre, que denotan que más allá de la rígida contención jurídica que se libra ante los 15 magistrados del alto tribunal internacional, existen intereses estratégicos del área en cuestión.

La situación geográfica de San Andrés y de los mares que lo circundan, respecto de la posibilidad de la construcción de un canal interoceánico alterno al Canal de Panamá, pudo haber animado a Nicaragua en su controversia.

La anécdota, casi macondiana, ha estado presente en el conflicto desde sus inicios. La providencia de la CIJ de 2007, también indica que: “No se consideran incluidos en este Tratado los cayos Roncador, Quitasueño y Serrana; el dominio de los cuales está en litigio entre Colombia y Estados Unidos”, y es aquí en este punto en donde se centra la columna vertebral, hoy, de la disputa que habrá de fallarse a fines de éste año.

Los cayos, desde la Colonia, eran piezas estratégicas porque por allí pasaban los galeones españoles con el oro que sostenía a la Corona y lo fueron después, hacia 1869, cuando Estados Unidos por una curiosa ley autorizaba a los nacionales de su país, apropiarse de las islas que tenían depósito de guano, (excrementos de aves marinas y focas y que marcó una época de florecimiento económico , sobre todo en Perú, que alcanzó a exportar más de 12 millones de toneladas y marcó una época de bonanza económica), por lo que la ambigüedad de la propiedad de esas islas, sólo se reparó en 1972 cuando Bogotá y Washington, suscribieron el Tratado Vásquez-Saccio, mediante el cual E.U. reparaba el daño y reconocía su condición de colombianos. Pero Nicaragua no lo quiso entender así, a pesar de que Colombia ha ejercido inveteradamente en la práctica la jurisdicción y soberanía sobre los cayos.

Esto es lo que en definitiva, deberá resolver el Tribunal de La Haya, en un clima de incertidumbre que solo terminará a fines del presente año.

* Analista Internacional, colombiano.

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