ESPAÑOL CORRECTO
Gratitud infinita
¡De mucho estreno! Sí, lo puedo hacer gracias al buen corazón del diseñador gráfico Andrey Fabián Campos Ayala, lector asiduo de este boletín. Espontáneamente, él quiso hacer su propio aporte para ilustrar y ambientar esta página. A Andrey Fabián mi infinita gratitud. ¡Su desprendimiento habrá de recibir recompensa del universo! – Jairo Cala Otero – director.
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«SEÑORA, ¿TIENE LECHE?»
Un parroquiano ingresa a una droguería en busca de un producto. Le dice al dependiente:
-Amigo, regáleme una vaina que sea bien buena para la caída del cabello. Como ve, estoy padeciendo anorexia.
El empleado, un experto en esos asuntos, y de trato gentil con la clientela, le responde:
-Vamos por partes, caballero. Usted lo que quiere es que yo le venda, aquí no regalamos más que nuestro saludo y mucha amabilidad. Le puedo ofrecer algún producto farmacéutico contra la caída del cabello, o para combatir o evitar la caída del cabello. Porque para su caída, lo único bueno es el piso. Una vaina no le puedo vender; porque vaina es una funda para algunas armas, y como se da usted cuenta, esto es una droguería, no una armería. Y, finalmente, usted no padece anorexia sino alopecia; por eso se le está cayendo el pelo.
Un poco apenado, el hombre estalla en una risita delatora. Pero se sobrepone, y añade:
-Está bien, metí la pata. Usted debe de saber más que yo. Véndame -ahora sí dije bien- el producto que usted me recomiende. Pero, además, necesito ‘algo’ eficaz para los ratones. Es que en mi casa, ¡hay una ratonera horrible!
El paciente empleado vuelve a corregir al parroquiano.
-Señor, perdonará usted que le corrija de nuevo. Pero como dice que quiere ‘algo’ para los ratones, yo le recomiendo el queso. A ellos les fascina. Porque como usted lo dice, indica que tiene afectos por esos roedores, y que desea alimentarlos bien. Pero si lo que pretende es exterminar los ratones que hay en su casa, entonces le voy a vender un veneno. Es decir, un producto para matarlos, o contra los ratones. Por último, quizás en su casa haya muchos ratones, pero no ratoneras. Ratonera es la cueva o madriguera donde, generalmente, ellos habitan; también es la trampa donde se los caza. Su casa, no creo que sea una ratonera, ¿verdad?
El cliente compró, pagó y salió rumbo a un micromercado cercano. Iba un poco apenado, había cometido varios errores en tiempo récord.
Ya en el supermercado, se dirigió a una muchacha vendedora que salió a su paso:
-Buenas… ¿Tiene leche?
La empleada le respondió sagazmente:
-Sí, señor. Tengo leche, bastante leche. Pero, dígame ¿cómo se enteró usted de que soy mamá y que estoy amamantando a mi hijo recién nacido?
Sonrió sabiendo que aquello era simplemente una interpretación de doble sentido, no que el cliente hubiese incurrido en alguna falta idiomática.
Ahora la sorpresa era para el parroquiano. Abriendo los ojos, como si le fueran a echar gotas, replicó:
-¡No, señora! Yo no tenía ni mediana idea de que usted es madre, ni de que está lactando. Pregunté mal, entonces. ¿Cómo digo que lo que necesito es un pote de leche en polvo, para mi hijo de brazos?
-Así como ya lo expresó, pero con una aclaración: su hijo, permítame advertir, como la inmensa mayoría de humanos, efectivamente, es de brazos… De dos brazos, para ser más exactos. Así que lo que usted quiso decir es que se trata de un bebé o un nene. Así se los denomina en sus primeros meses de nacidos.
-Ay, hijuepuerca, ¡caí de nuevo!-, dijo el hombre.
Después de hacer la compra, abandonó el establecimiento haciendo una reflexión.
-Carajo, se vuelve uno metepatas por no pensar antes de hablar. Por suerte, hay personas interesadas en esos asuntos del buen español. ¡Qué tal que en ese micromercado el vendedor hubiera sido un hombre, y que yo hubiese querido comprar huevos! Si le pregunto: señor, ¿usted tiene huevos, cómo me habría respondido?
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Preguntan los lectores
Adherir o adherirse
Profesor: háganos el favor de dictarnos una clase virtual sobre el vocablo adherir. Por ejemplo, «Yo me adherí a Petro para la Alcaldía, en cambio mi primo se adhirió a la campaña de la señora Parody». En fin, y ojalá con ejemplos -con plastilina, como se dice hoy- nos aclare sobre tales expresiones.
De antemano, gracias.
Álvaro Orjuela Villalobos
Villavicencio – Meta
Respuesta
Sencillamente, amigo Álvaro, se trata de una expresión corriente, castiza.
Significa que una persona se vincula, o se «pega» (para decirlo coloquialmente), a una determinada causa. Generalmente, esa causa es política.
Por lo tanto, las expresiones: «Fulano adhirió a la propuesta de mengano»; o «Yo me adhiero a la propuesta social de mengano», son perfectamente válidas en español.
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A la altura de…
Señor Jairo, buenas tardes.
Recibo con agrado sus sugerencias sobre el correcto uso del español. Con ocasión de su último trabajo tengo una pregunta que está relacionada con el vocabulario del tráfico vehicular o tránsito. Usted critica el uso común y rutinario de la expresión ‘a la altura de’. Me gustaría saber sus recomendaciones al respecto. En mi caso, trato de usar, además de ‘a la altura de’, las expresiones ‘en las aproximaciones a, o en las cercanías de’.
Atentamente.
César Penagos Collazos
Comunicador social y periodista
Respuesta
Gracias por escribirme, César Augusto.
Lo que hago es más que una crítica, es una orientación sobre la funcionalidad del idioma y las normas lingüísticas que lo rigen. La mera crítica no aporta nada.
«A la altura de…» es una frase hecha (como tantísimas existentes en español). No aportan nada a la vitalidad de las oraciones gramaticales; por el contrario, las deslucen y las ponen en ridículo las más de las veces. Las alternativas correctas podrán ser:
* «En proximidades a…». (No aproximaciones, que es incorrecto).
* «En tal lugar». (Es más precisa y directa).
* «Cerca a…». (Cuando no se sabe exactamente la localización del suceso).
* «En cercanía a…». (No en cercanías de…).
* «En el sitio denominado…». (Si se sabe el nombre del lugar).
* «En el kilómetro tal». (Si se tiene la ubicación exacta del suceso).
* «En la calle tal con carrera cual». (Para casos urbanos).
Pero, en definitiva, la expresión «A la altura de…» no tiene sentido, pues, como ya señalé, las calles y carreteras no tienen altura sino anchura y longitud.
Espero haberle ayudado a despejar sus inquietudes, César.
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Este boletín es un servicio pedagógico gratuito. Ninguna entidad gubernamental o privada tiene injerencia en su contenido, ni lo patrocina de modo alguno.
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