EL GRINCH INTERIOR


Para quienes aún no lo sepan o lo hayan olvidado, el Grinch es un personaje creado por el Dr. Seuss por allá por 1957 y su nombre le es atribuido a una persona a la que no le gusta la navidad y generalmente está de mal humor cuando se acerca esa fecha.
Bien, esa es la definición, la caracterización, como dirían los doctores, pero tal como lo afirma el filósofo de Buga, al igual que cientos de científicos y guías espirituales, todo tiene un principio y por allí es por donde se debe iniciar.
Para mi caso particular todo empezó cuando supe que el niño dios era mi papá en calzoncillos haciendo toda clase de maromas y trucos para entregarnos regalos sin que nos diéramos cuenta en navidad. Fue entonces cuando me di cuenta de la existencia de un complot mundial, al menos en Hispanoamérica, para hacernos creer la existencia material de un niño recién nacido con súper-poderes, como el de tener la velocidad de la luz, el don de la ubicuidad, algo así como Flash y Superman combinados, encargado de entregar los regalos previamente solicitados mediante cartas u oficios hechos a mano y entregados confiadamente a los padres o intermediarios.
Los Conspiradores, no contentos con esta campaña, luego se dieron a la tarea de fabricar una confabulación un poco más internacional, para lo cual se dieron a la tarea de hacerle un “Extreme Makeover” a un personaje gordito y bonachón de Europa Oriental, darle también súper–poderes y una especie de nave sideral, con propulsión a renos y cohetes para que la entrega de regalos fuera más eficiente, salvo lo de meterse por las chimeneas, en donde las había (¿y en el trópico, como Colombia?) Apareció en nuestras vidas: Don Papá Noél o Santa como le dicen en Gringolandia, tierra de esta conjura mundial.
Tiempos más tarde, mi incipiente Grinch interior, se cuestionaría sobre la imposibilidad, hasta ese entonces, de los embarazos de las vírgenes, pero la ciencia luego me abofetearía, al enseñarme lo de la fertilización asistida y otros avances. Mi Grinch persistente y curioso, se volvió a cuestionar: ¿pero si la fertilización asistida solo apareció en el siglo XX, cómo fue posible en épocas de Herodes el mata-niños tal prodigio? ¿Es acaso este hecho, la confirmación de la presencia de alienígenas ancestrales en los relatos bíblicos? La duda estaba sembrada para mi Grinch.
Para completar el desencanto navideño, una vez confirmadas las intenciones comerciales de los conspiradores de la navidad, empezó la constatación fáctica de ello. Paulatinamente, los aires musicales decembrinos (Ricardo Ray y Bobby Cruz, con su Bomba navideña, Pastor Lopez y su Ausente, Tania de Venezuela, el Loko Quintero, que en paz descanse, con todos sus éxitos, los melomerengues, lo de beben y vuelven abeber de los pescados y mil delicias más) se empezaron a escuchar ya no sólo en Diciembre.
Al principio los dejaban sonar desde Noviembre, luego desde Octubre y hoy día es posible rastrear estos mensajes subliminales desde Agosto. Toda una estratagema para que lo de la “regaladera” empate desde el día de los esposos en Junio hasta los magos reyes en Enero del año siguiente, pasando por brujas o Halloween, día de los enamorados, independencias y reinados.
Luego de ver y oír las noticias provenientes de la tierra de Don Donald, no el pato sino Trump, el presidente electo, acerca de los disturbios ocasionados por hordas de consumidores el día después de Navidad, a mi Grinch interior lo recorre una brisa de satisfacción al constatar en tiempo real, lo acertado de sus posiciones respecto a las fiestas de fin de año.
CODA: Cómo sonaría hipócrita desearles feliz navidad; les deseo prosperidad, amor, tolerancia, inclusión y mucha paz en el 2017. Mis excusas si herí, sin intención, alguna susceptibilidad.



