Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Sábado:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Viernes, 2 de octubre de 2026
domingo 3 junio, 2012 a las 12:19 pm

EL ESPÍRITU NOS AYUDA EN NUESTRA DEBILIDAD

Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas
Párroco Iglesia Stma. Trinidad – Santander de Quilichao

“Por mi parte os, digo: si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu y el espíritu contrarias a la carne“(Gálatas 5, 16-17).
¿Cuáles son los hábitos cristianos que nos fortalecen en nuestra debilidad? Dios quiere que seamos cristianos firmes, que nuestra vida esté edificada sobre la roca que es Cristo, que enfrentemos a nuestros enemigos en este mundo como buenos soldados de Cristo “Soporta las fatigas conmigo, como un buen soldado de Cristo Jesús” (2 Tim 2,3). Como somos “niños espirituales” debemos conocer, practicar y hacer parte de nuestra vida diaria estos buenos hábitos cristianos. Puede que en un principio nos cueste trabajo aceptarlos y cumplirlos, pero con el tiempo y con disciplina comprenderemos su importancia en nuestra vida y agradeceremos que se nos hayan enseñado. Algunos de estos buenos hábitos son: 1. La lectura de la Biblia (Deuteronomio 8,3; 2 Tim 3, 16-17). La lectura personalizada incluye seis pasos: Proclamarla (leerla en voz alta), oírla, meditarla, memorizarla, vivirla personalizarla. 2. La oración personal. 3 Dar testimonio de conversión y transformación. 4. La comunidad: participar fielmente en la vida de nuestra comunidad cristiana católica, para: orar con los demás hermanos; estudiar la Palabra y la catequesis; participar en la edificación espiritual, vivir la solidaridad social y orar unos por otros. 5. La vida sacramental: confesión, comunión.

¿Qué hacer si hemos pecado? Hay que tener en cuenta que deprimirse por causa de un fracaso es síntoma de inmadurez emocional. Desesperarse o desanimarse por haber caído en un pecado es siempre un signo de inmadurez espiritual. Volver a amar y confiar es prueba de un cierto grado de madurez. Y es que, aún cuando existe la buena intención de nuestra parte de vivir como Dios lo pide, vemos que se nos dificulta, a pesar de nuestro esfuerzo. San Pablo nos da la clave de lo que sucede relatando lo que a él mismo le pasaba “Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la ley en que es buena, en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”(Rom 7, 15. 18-19). Todo esto nos sucede porque aunque esta nueva vida es una vida espiritual, el pecado todavía sigue en nuestro cuerpo y en nuestra alma. En 1 Tesalonicenses 5, 23 “Que el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo), vemos cómo, según San Pablo, el hombre está conformado por tres partes: Cuerpo, alma y espíritu. San Pablo hace esta división para ayudarnos a comprender la acción de Dios y del pecado en nuestra vida. No debemos entenderlo como una división real, sino como una forma de reconocer en nosotros la acción de Dios y del pecado.

Cuerpo (MATERIA) es nuestra parte material: piernas, ojos, etc. Aquello que gobierna nuestras necesidades, apetitos, pasiones, vicios, malas costumbres, etc. “Por lo tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría” (Colosenses 3,5).

Alma: (MENTE, VOLUNTAD, INTELIGENCIA) Son nuestros pensamientos, conocimientos, voluntad. Puede desencadenar idolatría, odios, celos, envidias, etc. “Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje” (Gálatas 5,19. Cf. Efesios 4, 22-23)

Espíritu: (HOMBRE INTERIOR). Es la parte que nos identifica con Dios, nuestro interior “El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios” (Rom 8, 16). Produce los frutos del Espíritu “En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí, contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5, 22). Es donde mora el Espíritu Santo que nos fortalece “Para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior” (Efesios 3, 16), nos guía (Rom 8, 14), nos ayuda a orar (cf. Rom 8, 22-27), nos enseña, y nos da el amor de nuestro Padre Dios “Y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado” (Rom 5, 5). Es importante reconocer que el cuerpo y el alma son buenos porque fueron creados por Dios, por lo que deben estar a su servicio, sometidos a nuestro espíritu y éste, a su vez, sometido al Espíritu Santo. El Espíritu dirige cada aspecto de la vida del hombre integral.

Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y recibimos el Bautismo en el Espíritu Santo, ofrecemos a Jesús dejarle ser el centro de nuestra vida, de tal manera, que lo que tenemos como eje central (alma o cuerpo) es desbancado. De esta manera, Jesús da nueva vida a nuestro espíritu ya que en ese momento sometimos todo nuestro ser a Dios y Él puede penetrar en nuestro espíritu dándonos paz, gozo y seguridad, siendo derramados en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos dio (Rom 5,5).

Leer más…

Articulos relacionados