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Jueves, 1 de octubre de 2026

EL EJEMPLO DE NAVARRO WOLF

EL EJEMPLO DE NAVARRO WOLF

Crepitaciones

En medio de la natural controversia y polémica que ha suscitado el debate televisivo del miércoles 17 de septiembre de 2014, por el espinoso e intrincado asunto del paramilitarismo en Colombia, en los recintos del Congreso de la República, Comisión Segunda, entre el senador Iván Cepeda y el expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, en medio de los dimes y diretes del mismo, de las puyas lanzadas “en vivo y en directo” y en gran profusión, de los golpes bajos de parte y parte, de los epítetos lanzados no solamente por ellos, sino por los demás protagonistas que intervinieron, de variada raigambre y condición política, unos a favor y otros en contra, en medio del gran despliegue de los medios de comunicación de toda clase, de las redes sociales a todo vapor, en fin, en medio del gran alboroto causado y del zafarrancho de combate, se escuchó una voz muy conocida y peculiar en el ambiente político colombiano: la del senador Antonio Navarro Wolf.

EL EJEMPLO DE NAVARRO WOLF

En medio de lo reñido de las demás intervenciones, sus ideas y sus palabras, fueron en mi concepto personal lo más destacado del sonado debate, y hasta me atrevería a decir, que ayudó a formar un ambiente de paz (cruel paradoja, sabiendo su formación política anterior y sus antecedentes, en el contexto político nacional). Fue como se dice, en el lenguaje bíblico, “una voz en el desierto”, tratando de conciliar y cambiar los ánimos que en ese momento estaban caldeados y exaltados. Dada su condición de ex guerrillero amnistiado del M-19 y su prolífica y fecunda hoja de vida pública (secretario de gobierno de Bogotá, gobernador de Nariño, miembro de la Cámara de Representantes por Bogotá, alcalde de Pasto, ministro de Salud, entre otros), su actuación ese día, es digna de comentar, de exaltar y de colocarlo como ejemplo para el posconflicto. Por ejemplo: habló de la mezcla de las maneras de lucha, de la alianza entre las autodefensas y los particulares. En sus propias palabras: “Aquí todos debemos la arrogancia y debemos tener la grandeza en este país de PEDIR PERDÓN”. Hizo también un sesudo análisis del conflicto colombiano, mostrando que tiene muchos protagonistas, muchas aristas, diríamos, que no hay un solo culpable, comentando en sus propias palabras esta verdad irrefutable: “Aquel que no haya pecado nunca, que tire la primera piedra”, a la manera de las célebres palabras de Cristo.

En medio de la confrontación ideológica de Iván Cepeda (cuyo padre, el senador Manuel Cepeda Vargas, fue asesinado por agentes del Estado y paramilitares, en 1994) y Álvaro Uribe Vélez (su padre, Alberto Uribe Sierra, también fue asesinado por guerrilleros de las Farc, en 1983), dos víctimas más de la cruenta y eterna guerra fratricida colombiana se yergue la figura conciliadora de Navarro Wolf, con 66 años, quien nació precisamente el 9 de julio de 1948, a los tres meses exactos del fatídico 9 de abril, el famoso y nunca olvidado “Bogotazo”, considerándose él también otro hijo de esta violencia que a todos nos ha tocado vivir y sufrir en carne propia.

Por lo anterior, como excelente conclusión de esta columna y en contra de los comentarios pesimistas de muchos colombianos en contra del debate, estoy muy de acuerdo con lo expresado por María Jimena Duzán, excelente columnista de la revista Semana, cuando afirma que: “Tengo la convicción de que este debate, lejos de polarizarnos, nos abrió un camino para que entre todos empecemos a restablecer el diálogo perdido y podamos salir de esta intemperancia”. Y yo diría, siguiendo con el tema, que Colombia ganó con las ideas, la voz y la presencia de Antonio Navarro Wolf, como conciliador eficaz, en busca de la paz.

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