El eco del grito



Mientras Iván Cepeda habla con la serenidad de quien cree en la palabra, otros gritan desde el vacío, confundiendo la furia con la razón.
El ruido de la extrema derecha intenta cubrir la voz de la esperanza, pero cada insulto, cada mentira, cada espectáculo grotesco y barato en el Congreso o en cualquier espacio o lugar, se convierte en un eco que llama a decirle no a las élites que durante décadas se creyeron dueñas de este país.
La izquierda crece pese a los burdos ataques de personajes como Jota P, que solo saben gritar, exhibir su vulgaridad y su miedo.
Porque no es quien más grita quien gana la batalla, sino quien siembra con paciencia la verdad.
El grito pasa.
La palabra queda.
Y las batallas —las verdaderas— se ganan con ideas, con propuestas, no con calumnias ni con gritos desesperados.
Esas, justamente, son las virtudes de las que carecen los calumniadores y los gritones de la política.
Que el país elija siempre la palabra sobre el ruido, la verdad sobre la farsa, y la esperanza sobre el miedo.
Cada ataque de la extrema derecha se convierte en votos para la izquierda: por la dignidad, por la justicia social, por todos los cambios que Colombia aún necesita.
¿Han visto alguna vez a Jota P hacer algo útil que no sea servir de mensajero de la extrema derecha?
Vendrán más ataques como el de Jota P, pero se encontrarán con un Iván Cepeda decente, sereno, demostrando que andar con la verdad a cuestas le da gallardía, altura y … más votos.
Porque hay muchos J.P. esparciendo la babaza de su ira por todo el ámbito político, pero solo unos pocos —como Cepeda— convierten la palabra en dignidad.
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