El dolor no cambia


Foto: IA
El dolor no cambia

El comportamiento presentado en la cruz en relación con uno de los ladrones es prueba fehaciente que existen personas que son irrespetuosas y no quieren cambiar.
La prepotencia es una de las grades barreras de las personas irrespetuosas. Uno de los ladrones que iba a ser crucificado injuriaba, diciéndole a Jesús: “si eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Estando en medio del dolor, no cambia.
Cuando se quiere cambiar, debemos estar dispuestos a reconocer nuestros errores.
Jesús, nos da la oportunidad de cambiar y no debemos culpar a nadie de nuestros errores; por el contrario, es necesario reconocer que hemos fallado y tener voluntad de cambio.
A diario cometemos muchos errores y, si fundamentamos el cambio en el reconocimiento de ellos, y en el caso, pedimos perdón, este es posible.
Existen dolores intensos que generan cambios. Es el caso del otro ladrón, quien, acompañaba a Jesús de Nazaret, reconoció el error y cambió.
Todos cometemos errores y debemos reconocer que debemos cambiar. Asumir la responsabilidad de nuestros actos es lo mejor que podemos hacer en nuestras vidas.
Si reconocemos nuestros errores y aceptamos a Jesús, Él está prestó a perdonarnos y a amarnos, a darnos una nueva vida, eterna y abundante.
El escritor ruso Fiódor Dostoyevski, en el año 1849 fue indultado por el zar Nicolás I. Le perdonó la vida, pero lo mandó a trabajos forzosos. El otro ladrón, en el momento de la crucifixión, Dios le perdonó para la vida eterna. Porque este hombre creyó que la cruz era el camino al trono, a la vida eterna.
Hay que cambiar el final de nuestra historia, que está llena de errores. En Cristo somos nuevas criaturas porque Cristo vive en nosotros. La gracia de Dios es sin límites y nos perdona si nosotros nos disponemos.
En el interior del ladrón “bueno” se dio un cambio; se convierte por medio de la verdad, que es Dios, usando su palabra para cambiar los corazones.
Debemos reconocer que debemos ser salvos porque somos pecadores y estamos destituidos de la Gloria de Dios.
El Espíritu de Dios le reveló al ladrón, quién era Jesús. De la misma manera debemos pedirle al Espíritu Santo que nos revele y también clemencia para el perdón de nuestros pecados.
Así, como el ladrón que al final de sus días quiso cambiar y lo perdonó. Jesús nos garantiza el perdón si de corazón deseamos cambiar.
Es tú decisión.
Bendiciones
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