El desempleo, el gran reto de Santos
Por: Luís A. Barrera M.
Hay que colocarse en los zapatos del otro para tratar de entender que el problema que más angustia a los caucanos y colombianos en estos momentos es el creciente desempleo.
El desempleo es uno de los problemas que más viene generando preocupación en nuestro departamento, comenzando por Popayán, su capital. Las personas desempleadas, varadas, sin hacer nada, aquellas que no tienen empleo u ocupación, deben enfrentarse a situaciones difíciles por no tener ingresos con los cuales sostenerse a sí mismos y a sus familias.
Cuando el número de personas desempleadas crece por encima de niveles que se podrían considerar como “normales”, una gran preocupación aparece en toda la sociedad y ese es el gran reto que debe enfrentar inicialmente el próximo presidente de los colombianos.
Todo parece indicar, de acuerdo con las apuestas hacia las elecciones del 20 de Junio, que el ex ministro Juan Manuel Santos será ungido por la mayoría de los electores como el mandatario en cuyas espaldas caerá el gran peso de reducir la creciente tasa de desempleo que agobia a millones de compatriotas.
El trabajo les brinda a las personas la posibilidad de lograr ingresos, por tanto acceder a bienes y servicios, y así satisfacer sus necesidades. En la medida que logren satisfacer mejor sus necesidades, mejor será su nivel de vida. Es por eso que existe un fuerte vínculo entre el desempleo y la pobreza.
Ahora bien, no sólo es importante el tener empleo, sino la calidad del empleo, es decir, el salario digno, la jornada laboral, las condiciones de empleo, la estabilidad, la seguridad social, entre muchos otros elementos, que muy seguramente deberán revisarse para combatir este flagelo que pone de punta los nervios de millones de colombianos.
El candidato Juan Manuel Santos, eventual presidente, al menos ha dicho y reconocido que el desempleo es el primer problema de Colombia y que durante su gobierno se crearán 2 millones 500 mil nuevos puestos de trabajo y se legalizaran 500 mil más.
El candidato de la U explicó que parte de su política se basará en un crecimiento por encima de 5,5 por ciento y en la potencialización de cinco «locomotoras»: el campo, las mejoras en infraestructura, la creación de vivienda de interés social, la inversión en minería y petróleo y la innovación.
Santos deberá coger el “toro por los pitones”, pues no se puede desconocer que el desempleo ha ocasionado a la sociedad colombiana en su conjunto, tanto un costo económico como social. El costo económico corresponde a todo lo que se ha dejado de producir, vender y exportar, y que será imposible de recuperar, esto no solo incluye los bienes que se pierden por no producirlos para atender las demandas del mercado sino también una cierta degradación del capital humano, que resulta de la pérdida de destrezas y habilidades.
Por otro lado, el costo social abarca, como se comprobado en la realidad que viven nuestros pueblos caucanos, la pobreza e «inquietud social y política» que implica el desempleo incontrolado en grandes escalas.
Conmueve ver por ejemplo que las personas sometidas a una ociosidad forzosa padecen frustración, desmoralización y pérdida del amor propio. Aunque este costo social es muy difícil de medir, es objeto de una profunda y general preocupación por el impacto que tiene en las comunidades a las que se les baja la estima también colectivamente.
Lo que muchos no se llegan a imaginar, quizá porque no lo han vivido en carne propia, es que el desempleo puede contribuir a empeorar la salud mental de las personas, aumentando los casos de depresión, ansiedad, adicción y trastorno adaptativo. También deteriora la autoestima del individuo, lo que a su vez dificulta las posibilidades de recolocación, y trastorna la vida familiar, especialmente si éste afecta al cabeza de familia, provocando generalmente un aumento de tensiones que tienden a deteriorarla y a aumentar los conflictos entre los miembros. Todos estos factores, junto con la importante pérdida de ingresos, aumentan el riesgo de exclusión social.
Según cifras oficiales, en enero había 18,3 millones de ocupados en Colombia, 3,1 millones de desempleados, 6,9 millones de subempleados y 2,6 millones de desempleados objetivos en el llamado rebusque de andes y semáforos.
Por primera vez, el Dane presentó una tabla de desempleo en 24 ciudades. En ella aparecen Pereira, Popayán y Quibdó en su orden, como las tres ciudades donde el desempleo es más elevado.
Los problemas actuales que se viven en el Cauca, con nuevas atractivas zonas francas, aunque con la falta de competitividad en servicios y vías, según lo afirman expertos y analistas están en que la estructura de los costos laborales no permite generar el empleo suficiente para quienes buscan un empleo.
El problema del empleo es estructural y no se ven estrategias de largo plazo, a no ser que el próximo presidente asuma con urgencia las causas que han frenado la generación de nuevos puestos de trabajo, especialmente para frenar el desempleo por las deficiencias en la demanda agregada y que se presenta cuando las personas prefieren no invertir o consumir, por lo tanto, no demandan bienes y servicios de la economía, de modo que no hay estímulo para que las empresas produzcan más y, por lo tanto, necesiten más trabajadores.
La precariedad laboral y, evidentemente, el desempleo también aumentan la angustia de los afectados e influyen en la determinación de su plan de vida y su planificación familiar. Los jóvenes deben postergar su edad de emancipación ante la imposibilidad de acceso a la vivienda y de creación de una unidad familiar con unos ingresos estables, asimismo provocan una disminución de la natalidad y retrasan la edad a la que se tienen los hijos.
Por ello quienes tengan un empleo, un puesto de trabajo o están laborando en algo, deberían estar postrados de rodillas ante santísimo dando gracias a Dios, por el privilegio de tenerlo y pedir por aquellos que aún no saben a donde fueron a parar sus hojas de vida.
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