El crimen de Alexander Quintero
Por: Luís A. Barrera M.
Nuevamente el Norte del Cauca se sacude y se llena de indignación ante el accionar de la sin razón frente a la muerte de uno de los más apreciados líderes de lo que se ha constituido como la resistencia del Naya, entendida como una lucha que sienta sus bases en la defensa del territorio, la vida y la identidad de los pueblos, siendo el camino por el cual los habitantes de esta sector caucano continúan avanzando para romper los lazos de opresión impuestos por los crueles en su región.
El condenable asesinato de Alexánder Quintero, uno de los dirigentes de mayor participación dentro del proceso de reconstrucción social, justicia, verdad y reparación de las víctimas de la masacre del río Naya, ocurrida en abril de 2001 en plena Semana Santa y que causó la muerte a más de un centenar de campesinos entre mestizos, mulatos e indígenas que vivían en las selvas del noroccidente caucano, en jurisdicción del municipio de Buenos Aires, es de por sí una afrenta a estas comunidades empobrecidas por la barbarie.
Alexánder Quintero, miembro de la Red de Iniciativas y Comunidades de Paz, venía participando activamente en los diferentes procesos organizativos afrocolombianos, indígenas y campesinos establecidos para trabajar y movilizar, pero sobre todo, para exigir sus derechos legales y constitucionales.
Su labor estuvo encaminada a desafiar la exclusión social y la continua persecución, construyendo alternativas de empoderamiento entre las víctimas de la masacre y los habitantes del Naya, orientadas entre otras cosas a proteger su medio ambiente y sus recursos naturales, a consolidar el trabajo comunitario, a rescatar y reafirmar la cultura y la historia que los constituye como un pueblo olvidado y marginado, pero con mucha vitalidad.
La prematura muerte de Alexánder Quintero se convierte casi en un grito de libertad, teniendo siempre presente la memoria de sus muertos, el Naya hoy no solamente llora este gran dirigente, sino que proclama pese a las adversas circunstancias, que para este vergonzante caso de “lesa humanidad” no habrá silencio ni puede haber olvido.
Muy seguramente el sacrificio del inmolado líder dejará un profundo vacío entre quienes de una manera u otra luchan para que no quede impunemente la más pública barbarie, hostigamiento y acciones de pánico, que ha dejado a todo lo largo del Alto, Medio y Bajo Naya un trazo de violencia con no menos de 4.000 personas desplazadas.
Alexánder Quintero fue testigo de primera mano de las historias allí encontradas en la más dignificante pluralidad, indeterminadas por un Estado que pareciera desconocer y trata de invisibilizar la palabra, la cultura y la memoria de convivencia ancestral de las gentes del Naya.
Era una personalidad ampliamente conocida en la región del Naya, un personaje querido por su combate a favor de las víctimas, luchadora por quienes les arrebataron sus dignidades mínimas en una Colombia que debería tener una sociedad donde impere la persona y sus derechos, los deberes y valores colectivos, y que tanto se siguen vulnerando en nuestra patria.
Desde estas páginas de PROCLAMA nuestras condolencias, nuestra simpatía y nuestra solidaridad, a los familiares y allegados del fallecido, así como a todas las víctimas de esta masacre quienes saben que el ombligo de sus hijos está enterrado en el Naya, y allá deben regresar.
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