EL COMEJÉN DE POPAYÁN


El domingo fui a conocer barrios de la nueva Popayán. Barrios feos, des pavimentados de calles angostas, sin parques ni zonas verdes. Tengo la costumbre de caminar con la idea de conocer lugares que no frecuento en mis rutinas, y de paso, hacer ejercicio a ver si bajo esta barriga de oso panda que invita a la gente a llamarme “doctor” sin serlo ni merecerlo.
De pronto, me vi en una calle angosta de casas en obra negra frente a una docena de adolescentes pegados a frascos de bóxer, trabándose. Pensé volver sobre mis pasos y salir corriendo, pero intuí que con esta barriga de sedentario no avanzaría mucho. Entonces, haciendo de tripas corazón avancé entre ellos tratando de no mostrar miedo, como natural, como si estuviera en mi barrio… y funcionó. De reojo vi que se hacían señas como diciendo “y este man qué”, pero no dijeron nada, ni me hicieron nada. Ahora doy gracias a Dios, pero en ese momento, medio cagado de susto, se me olvidó tu nombre mi hermano. Que pena, perdoná.
Cuando crucé la esquina y estaba a punto de salir del barrio con una sonrisa de resucitado, aparecieron dos tipos en una moto, se cuadraron al frente, y el que manejaba comenzó a sacar de su carriel una pistola mientras me miraba a los ojos, y el otro, el parrillero sujetaba la suya debajo de la chaqueta. Tal vez solo iban a robarme la mierda de celular que uso, pero allí sentí el toque de la muerte en un escalofrío estremecedor. Pensé en Dios, sí. Ahora si pensé en él, y el miedo me penetró como un cuchillo helado por el trasero hasta la garganta muda. ¡Uf!
En fracciones de segundo me di cuenta que estaba en una calle vacía y no tenía escapatoria posible, que de nada me serviría correr o gritar. Estaba en esas, cuando de la nada, apareció un grupo de niños jugando y riendo entre ellos… como ángeles. Sí, como ángeles que me escoltaron hasta que salí del barrio (o mejor, que me camufle entre ellos mientras salí del barrio y escapar de los malandros).
Todavía siento escalofrío recordar estos episodios. Son increíbles los extremos de inseguridad a los que hemos llegado. Es increíble cómo la delincuencia actúa a plena luz del día como si nada. Es increíble cómo nuestros niños y jóvenes salen a la puerta de su casa a consumir drogas, como si nada. Es increíble que existan barrios vedados para caminar libremente por ellos. Es increíble como el miedo nos muerde a diario y la única respuesta que tenemos es correr y dejar ese asunto allí, para que otros se hagan cargo. Es increíble cómo estamos de prevenidos. Cómo estamos de amedrentados.
¿Se justifica no tener trabajo para robar?, ¿se justifica el vivir en un barrio marginal para convertirse en pandillero?, ¿se justifica consumir drogas por ser pobre? Allí les dejo esas perlas de preguntas.
Hace un par de años cuando cuatro muchachitos buscando pantalla salieron al parque dizque a recoger firmas para derogar el mandato del alcalde Fuentes porque los contratistas le fallaron en la ejecución de reposición de vías, recuerdo que escribí que el argumento era una soberana pendejada porque si bien estaban demorados, la obras eran faraónicas y necesarias y Fuentes pasaría a la historia por ello. Ahora bien, si los conspiradores hubieran iniciado una cruzada para tumbar a Fuentes por el incipiente, nulo y retardatario manejo de la seguridad ciudadana, todos a una, hubiéramos firmado esa solicitud de revocatoria de mandato.
La percepción de inseguridad en Popayán es alarmante. Y así como traen locos de otras ciudades para tirarlos en nuestras calles, así pareciera que traen bandidos para vivir entre nosotros. Y tal parece que cada día la cosa será peor. Lo digo porque los candidatos a la alcaldía proponen lo mismo, que es lo mismo que ya le falló a Fuentes y no ha servido para nada en otras ciudades.
Jimena Velasco, propone una “Popayán segura, comunitaria y en paz, donde prime la vida, la dignidad humana y la autoridad para apoyar el fortalecimiento de los organismos de seguridad, formación de frentes de seguridad, consejos comunales de seguridad, inversión en educación, alumbrado y cámaras de vigilancia en lugares de esparcimiento, recreación y puentes peatonales”.
César Cristian, propone “un plan integral de seguridad con enlace entre fuerza pública e iniciativa privada para crear frentes de seguridad comunitarios urbanos y rurales con uso de tecnología. CAI móvil para sitios críticos y cámaras de vigilancia en zonas comerciales. Apoyo a construcción de estación de policía metropolitana, seguridad en sitios turísticos y recuperación del concepto de vecindad y solidaridad entre vecinos”.
Si la seguridad no mejora, con esas propuestas “nada novedosas” del candidato que gané, desde ya, creo yo, tendremos razones para revocar su mandato.




