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Sábado, 3 de octubre de 2026

El Cauca no se calla

El Cauca no se calla

El Cauca no se calla
Aunque nadie escuche

Alfonso Luna Geller

Quienes escribimos desde el Cauca estamos cansados de gritarle a un país sordo. No se trata de repetir tragedias ni de romantizar la resistencia. Se trata de un dolor acumulado que ya ni siquiera logra indignar a quienes tienen el poder de cambiar algo. El estado de emergencia que vivimos aquí dejó de ser noticia hace años. El país se acostumbró.

Aquí se asesina, se secuestra, se trafica, se corrompe, se incumple. Y todo eso ocurre sin que el Estado se inmute. El centro de poder decidió que, si esta región sirve para contener la violencia lejos de Bogotá, es un sacrificio aceptable.

Tenemos costas sobre el Pacífico, pero no conocemos el mar. Producimos agua para todo el país, pero hay municipios sin agua potable. Generamos energía, pero no tenemos luz. Cultivamos cocaína y marihuana, pero el dinero… ¿usted se imagina en qué bolsillos se queda?; para nosotros, solo la miseria y la violencia que eso genera. El desequilibrio no es solo económico: es moral.

Ayer fueron secuestradas nueve personas en López de Micay, siete mujeres y dos hombres, contratistas que trabajan con el Gobierno Departamental. No eran soldados ni agentes encubiertos. Eran civiles. Esto tampoco logró conmocionar al país. Tampoco las amenazas al gobernador ni los hostigamientos al periodismo independiente. El auge del narcotráfico, el control territorial de grupos armados, el uso de submarinos artesanales para exportar droga… todo esto ocurre con la complicidad del abandono estatal.

El senador Temístocles Ortega lo dijo con claridad: “La situación se agrava cada día. Las acciones son dispersas, sin estrategia, sin método, sin plazo. Y nadie lo hará por nosotros. Somos nosotros quienes debemos hacerlo”.

Las propuestas se han hecho, los diagnósticos están sobre la mesa —basta con leer editoriales como «El Cauca en estado de emergencia» o «Pacto por Cauca en emergencia» de Proclama del Pacífico—, pero la realidad es que en Bogotá nadie lee. Ni les interesa. Un territorio crucial para la seguridad nacional y la economía, condenado a una violencia perpetua bajo la mirada indiferente del poder central.

Este editorial no busca conmover. Busca incomodar. Porque el país no puede seguir ignorando que hay un departamento que vive en guerra sin que nadie la declare. Que hay comunidades que producen riqueza sin recibir dignidad. Que hay periodistas que denuncian sin garantías. Que hay líderes que claman sin respuesta.

No podemos seguir esperando. El Cauca no será salvado por nadie más que sus propios habitantes. Aquí seguimos quienes no hemos renunciado a contar, denunciar, organizar, resistir. Nos urge un acuerdo entre caucanos, una mesa sin retórica, con soluciones reales, con riesgos compartidos y compromisos firmes. Que las universidades, las iglesias, los empresarios y los líderes comunitarios digan si están dispuestos. Porque si no lo hacemos juntos, no lo hará nadie.

El Cauca no se calla. Aunque nadie escuche.

 

El Cauca en estado de emergencia

Pacto por Cauca en emergencia


Imagen destacada: https://x.com/i/grok

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