DOBLE MADRE Y POETA


Loco-mbiano

Diego Fidel ha detenido, amoroso y audaz, el reloj de los días en la fecha que su madre hubiera tenido 85 años. Y ha querido hacerle un homenaje con sus amigos. Hijos de esa estirpe pocos se ven hoy y son la excepción a las reglas del recuerdo.
A Doña Beatriz Castelblanco de Castro la conocimos quienes acudimos cada año en julio al Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas a Roldanillo. Ella, en silla de ruedas, iba para para darse dos gustos: que su hijo la mimara en esos días y para degustar el sabor de la Poesía hecha por sus congéneres.
La inefable y sorprendente Águeda Pizarro, de pronto se dio cuenta que a la poeta Beatriz le faltaba un piropo más y un título: el de Almadre del Encuentro. Y en ceremonia especial la proclamó así, como a Mariela del Nilo, Meira Delmar, Dora Castellanos, Gloria Cepeda Vargas, Olga Elena Mattei, Cecilia Balcázar, Marga López Díaz, Matilde Espinosa, Maruja Vieira, Nora Puccini de Rosado y a las Almanegras Mary Grueso, María Teresa Ramírez, Elcina Valencia y Lucrecia Panchano.
Doña Beatriz era una ruiseñora que cantaba desde el alba con delicado acento. Mas su especialidad eran los sonetos. De ellos se dice que son una perfecta obra de arquitectura y escultura. Pocos labran con el cincel en cada verso el sonido que acredita su estirpe. Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Lope de Vega, Quevedo forjaron en su época monumentos con órgano tubular incluido. Todas sus sílabas, forman un conjunto donde habitan no solo la música sino la hondura, la suavidad y mundos nuevos.
Con el título de Almadre ha querido encerrar Águeda la certeza de que la poeta que lo merece es amada por Erato, ha llegado a excelente punto de maduración y consolidación de su trabajo y es ejemplo para quienes caminan a su lado. Ellas como las madres, con dulzura y tiento orientan, ayudan a encontrar el tono del diapasón a quienes les leen sus vacilantes creaciones.
CLAMOR
Ven y siembra en mi entraña tu semilla
para que en el dolor de dar la vida,
tenga el placer de verse confundida
esa tu misma arcilla con mi arcilla…
En esta forma por demás sencilla,
continuaré con tu recuerdo ungida
y después de la muerte, repetida
quedará nuestra estirpe sin mancilla.
Si por fin nuestra sangre se duplica
y en busca de otros soles y otros mundos
la fuerza del amor nos multiplica.
Este inmenso milagro significa
que somos inmortales y fecundos,
¡y todo lo subsana y purifica!
De su libro: Poemas de amor en llamarada
El recuerdo revive hoy para sus hijos, amigos y para el Museo Rayo que la honró con este apelativo y sabemos que su poesía volará como ruiseñora para siempre.



