EL DÍA QUE NO APARECIÓ LA PAZ


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Loco-mbiano.

Amaneció y no vimos la Paz, dijeron el campesino y el hombre de la calle cuando la luz del día se dibujó en la madrugada. Creyeron que venía como una lluvia salvadora en tiempos de sequía. Miraron al cielo que, impune, callaba y no daba seña alguna que indicara que la paz estaba ya ensillada y venía al final de la esquina a paso de caballo cojo.
¿Dónde estaba esa Paz tan esperada? ¿Escondida, simplemente retrasada -vistiéndose y peinándose- en el retrete lujoso de La Habana? Ni el Presidente JuanMa la vió levantarse hoy por la mañana.
La Paz es una señora difícil de tratar y manejar. Es una mujer ya entrada en años, con sus achaques, sus gustos y resabios. Además, es inteligente y no tiene nada de boba. No se deja engatusar ni se contenta con diálogos bonitos de señores de alto coturno, con promesas y regalos. No, no. Ella tiene las entendederas bien lavadas y no saldrá de su alcoba hasta que no esté segura de que el ambiente es propicio y no se va a encontrar con tormentas sobre el mar caribe o con sed en el país cuando llegue.
Este 23 parece más bien un día 13. Agorero, de nubes en el horizonte, amaga la lluvia y no caen sino unas gotitas de mentiras. ¿Por qué se tenían que aguar las esperanzas? Pasó lo de siempre en Colombia. Se ensilló la bestia cuando no aún no había llegado. Y faltaron los cinco centavitos de siempre. ¿No se hicieron unos cuantos cálculos o se supuso que todo iba bien, de acuerdo con las órdenes del Ejecutivo que siempre tiene la razón por ser quien es?
A este proyecto de Paz la falta una pizca de alegría, de humor, de dejar atrás la marrulla y la desconfianza. Todos los delegados viajan de incógnitos, que nadie se vaya a dar cuenta, como si fueran a cometer una indiscreción o a llevar un santo y seña de que sí o de que no. Todo es supersecreto, como en una película de suspenso.
Por eso pasó lo que pasó, dijo Perogrullo.
Las cosas no han sido claras. Solo el chocolate debe ser espeso. Hay mucha habladuría, mucha sospecha, muchos lunares blancos y negros. Y… ahora qué? ¿De aquello, qué? ¿De qué zonas me hablan?, dicen unos. ¿Acaso vamos a tener que dejar ya todas las armas? ¿No habrá un tiempo de pausas para eso? ¿Cuándo llegará la hora de que las víctimas reciban la reparación? ¿Quién y cómo se ejercerá la veeduría de la dejación de armas y reparación?
La paz se ha venido fraguando desde hace ya un año. La guerra fratricida ha durado más de 60 años. ¿Acaso esperábamos que en un abrir y cerrar de ojos brillara el sol por el Oriente como aquella estrella de Belén? Santos vendría cargado de incienso, oro, petróleo, cotán, mercurio para repartirlo entre los inversionistas extranjeros. De eso sí estamos seguros.
La aparición de la ansiada Paz es un villancico cantado y su llegada a punto… con sus beneficios, es el cuervo de Poe sobre la ventana.



