Deslumbrante ocasión

Deslumbrante ocasión

Cuando era un niño y me preguntaban qué iba a ser cuando fuera mayor, siempre contestaba que quería ser comandante de un Destroyer americano y como segunda posibilidad ser piloto de un avión de combate inglés. No sé aún de dónde salían esas aspiraciones en mi mente infantil. He pensado que podían provenir de conversaciones que escuché cuando los mayores se referían a la segunda guerra mundial, muchos años después de finalizada, exaltando como valientes y audaces a comandantes o pilotos de naves de esa guerra. Pasado el tiempo pensé ser Arquitecto e Ingeniero al tiempo y mantuve esta idea varios años, después la deseché y fui confirmando que mi interés se inclinaba hacia la vida política y el transcurrir social de la Nación y encontré que la respuesta era genética al provenir de tantos antepasados juristas participantes de la vida política de nuestra patria. Definido entonces hacia el Derecho me encaminé a estudiarlo en el histórico Claustro del Colegio Mayor del Rosario hoy Universidad del Rosario, en donde terminé amando más el derecho, la jurisprudencia, la doctrina y comprendiendo su justificación y existencia por el Orden Social y como garante de las libertades y derechos humanos.
Después de una larga carrera política y administrativa hay ocasiones deslumbrantes en que regreso con mi mente al mar, a sus soles, a sus lluvias, a sus tormentas y en especial a sus olas, a veces tan bravas que me producen el mayor respeto en su accionar. Hoy admiro y he seguido la trayectoria del buque escuela e insignia de Colombia, el ARC Gloria, que con inmenso orgullo y portando en lo alto nuestro estandarte navega por los mares del mundo dejando grabado el nombre de nuestra patria y sirviendo además de posibilidad de ejercicio a quienes siendo Cadetes necesitan instrucción en los mares. Hay otro buque que admiro, el buque español Juan Sebastián Elcano que recibe a estudiantes de la escuela naval española y los lleva al ejercicio práctico de sus conocimientos y saberes. Es un orgullo para España navegar con este buque, lleno de experiencia y galardones ganados en las travesías marítimas, manteniendo la muy especial misión de continuar como una de las potencias históricas en la navegación del mundo. En este buque se encuentra hoy la futura reina de España, Leonor de Borbón, realizando prácticas de formación militar como un requisito más en su preparación hacia el trono español.
En estos días un buque escuela de México, el Cuauhtémoc, se estrelló con el puente de Brooklyn y hubo víctimas.
El mar no solo produce alegrías sino muchas veces tristezas, nostalgias, riesgos y entusiasmos. Navegar es un privilegio y una forma de dominar emociones con voluntad y energía. Las mareas y sus corrientes hay que saber interpretarlas desde el conocimiento físico de las atracciones lunares hasta las capacidades del oleaje en el tiempo. El oxígeno que genera en sus permanentes actividades interiores produce las posibilidades de equilibrio en el ambiente limpiando el clima y sus proyecciones. La fascinación de mirar el mar en un día despejado alcanza ciertos destellos de luz que nos muestran todas nuestras ilusiones, sueños, oraciones y versos con el profundo deseo del amor elevado.
Novelas, escritos y poemas, colocan en sus narraciones el ensueño del mar y sobre él edifican protagonismos y actitudes para generar romanticismos impactantes. Los mensajes que trasmite deben ser descifrados por la imaginación, los sonidos y sus rumores. Su viento arrasador en oportunidades produce en el alma aquella sensación de las mágicas apariciones. Con bravura en ocasiones hace tambalear hasta la fe más fuerte y reacciona con mayor furia ante cualquier provocación. Testigo de muchos milagros de Jesús de Nazareth con sus discípulos; testigo de guerras, pero también de pactos de paz; testigo de ardorosos amores y pasiones feroces; testigo excepcional de la marcha de la vida desde sus orígenes y de pronto de su destino que puede guardar el secreto final de la existencia de la Tierra.



